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Cultura

CRÍTICA DE CINE
En el faro del fin del mundo
17.08.07 -
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En el faro del fin del mundo
FAREROS. Grégori Derangère y Philippe Torreton.
Finisterre no sólo está en Galicia. El departamento de Finistère, en la Bretaña francesa, también se asemeja al fin del mundo, con acantilados castigados por el embravecido Atlántico. En ese paisaje propicio a la tragedia y a la melancolía transcurre 'El extraño', un melodrama 'como los de antes', orgulloso de su carácter clásico, casi demodé. El forastero que perturba la paz de una comunidad ha servido de argumento a miles de 'westerns'. También a dramas de adulterio como 'La hija de Ryan', con la que este filme de Philippe Loiret comparte el tono amargo y fatalista.

No hay franceses más orgullosos que los bretones, como bien sabía Astérix por su primo Buentórax. Si ya son fareros que siguen una tradición familiar y desafían a los elementos aislándose a merced de las olas, la endogamia alcanza cotas enfermizas. El protagonista de 'El extraño' ('L'équipier' o 'El compañero de equipo' en su más ajustado título original) es rechazado por su condición de tullido y, claro, por no ser bretón. Poco a poco se irá ganando la estima de su arisco superior (inconmensurable Philippe Torreton) y el amor de la esposa de éste. Más interés que las calladas pasiones adúlteras tiene un trauma nacional, al que el cine francés vuelve una y otra vez: la guerra de Argelia. La acción transcurre en 1963, cuando los ecos del conflicto alcanzaban hasta las remotas costas de Bretaña. Con un guión de hierro, actores eminentes y escenarios sobrecogedores, 'El extraño' tenía todas las de ganar. Sin embargo, transcurre fluida pero fría como el mercurio.

o.belategui@diario-elcorreo.com
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