
No hay franceses más orgullosos que los bretones, como bien sabía Astérix por su primo Buentórax. Si ya son fareros que siguen una tradición familiar y desafían a los elementos aislándose a merced de las olas, la endogamia alcanza cotas enfermizas. El protagonista de 'El extraño' ('L'équipier' o 'El compañero de equipo' en su más ajustado título original) es rechazado por su condición de tullido y, claro, por no ser bretón. Poco a poco se irá ganando la estima de su arisco superior (inconmensurable Philippe Torreton) y el amor de la esposa de éste. Más interés que las calladas pasiones adúlteras tiene un trauma nacional, al que el cine francés vuelve una y otra vez: la guerra de Argelia. La acción transcurre en 1963, cuando los ecos del conflicto alcanzaban hasta las remotas costas de Bretaña. Con un guión de hierro, actores eminentes y escenarios sobrecogedores, 'El extraño' tenía todas las de ganar. Sin embargo, transcurre fluida pero fría como el mercurio.
o.belategui@diario-elcorreo.com






