
Blázquez y Uriarte lanzaron estos mensajes durante las homilías que pronunciaron con motivo de la festividad de la Asunción de la Virgen. El obispo de Bilbao celebró la misa de las doce del mediodía en la basílica de Begoña, donde se dieron cita centenares de ciudadanos y una amplia representación de la Corporación municipal encabezada por el alcalde, el peneuvista Iñaki Azkuna. El prelado de la capital guipuzcoana presidió, a las once, la Misa Mayor en la basílica de Santa María del Co-ro, en presencia de la portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate, y miembros del Ejecutivo local.
La falta de una «propuesta coherente» que -según concedía el pasado mes de junio a este periódico un miembro de la institución eclesiástica- lastra el discurso sobre pacificación de la Iglesia vasca quedó nuevamente al descubierto con este doble mensaje, que recuerda a la dialéctica política a favor o en contra de la negociación. Mientras Blázquez exigía el final incondicional de ETA, Uriarte consideró que 'todos' deben ceder en sus planteamientos para lograr la paz.
'No' al «maximalismo»
Según el obispo de San Sebastián, «la paz de los cristianos está impregnada de una sana inquietud» porque «no se conforma con lo que tenemos» ni «se contenta con nuestra actual situación», sino que «desea una sociedad pacificada, solidaria y tolerante». «La esperanza de los cristianos», añadió Uriarte, tampoco «ambiciona soluciones perfectas, ni cae en la tentación del maximalismo exigente y obstinado». En este contexto, el obispo de San Sebastián apostó por la búsqueda de un«acuerdo» para la paz «aunque para ello todas las partes tengan que recortar sus legítimas aspiraciones».
El prelado de la capital guipuzcoana invitó a todos los ciudadanos a que se involucren en la búsqueda de este objetivo, porque «la paz es obra de todos y un bien para todos». Además, animó a mantener «una esperanza serena» porque «el nerviosismo es estéril y agresivo». «El cristiano esperanzado sabe mantener la calma en los momentos crudos u oscuros, sabe desdramatizar en su justa medida sin relativizar en exceso la situaciones injustas y penosas». En la misma línea, consideró que la esperanza debe ser también «paciente» ya que «la lentitud de muchos procesos humanos exaspera a los impacientes». «La impaciencia es el gran enemigo de la paz», concluyó.
ETA, contra el pueblo
Ricardo Blázquez mostró otro punto de vista. Tras lamentar la persistencia del terrorismo y pedir a la Virgen de Begoña que «la paz tan suspirada se afiance definitivamente contra toda amenaza», el presidente de los obispos españoles se refirió al nacimiento de ETA como «una equivocación grave» y subrayó que tras tantos años de «mortífera» existencia «su presencia obstinada es insoportable». La organización terrorista, recalcó, «debe desaparecer inmediata, total y definitivamente. Nadie le ha otorgado ni le reconoce representación alguna; existe y actúa contra la voluntad de este pueblo y de esta sociedad».
Blázquez reclamó libertad frente a la amenaza que implica la propia existencia de ETA y transmitió su apoyo «a las víctimas de ayer y de hoy; que nos sientan cerca quienes han perdido seres queridos, quienes han sido extorsionados» o «quienes han tenido que salir buscando seguridad». Tras pedir «que el Señor ilumine y fortalezca a quienes corresponde sobre todo la responsabilidad de abrir caminos en esta situación», el obispo de Bilbao concluyó con un llamamiento a unir «nuestros esfuerzos para erradicar la violencia terrorista que repercute tan negativamente en la vitalidad de este pueblo».
Las diferencias entre los discursos de Blázquez y Uriarte dieron pie al presidente del PP de Vizcaya, Antonio Basagoiti, a proclamar que «no se puede estar con Dios y con el diablo». Según Basagoiti, el mensaje del obispo de Bilbao está «con Dios» y el obispo de San Sebastián «parece estar con el diablo» al hablar de «encuentros entre las partes como si hubiese que buscar un punto medio entre el terrorismo y la libertad».






