
Cuando las autoridades parecían que la presión de los Carabinieri había disipado el peligro, llegó el ajuste de cuentas tantos años esperado pero jamás olvidado. Ocurrió donde las fuerzas de seguridad italianas no podían impedirlo. En la primera acción de la 'Ndrangheta en el extranjero, dos sicarios acabaron en la madrugada de ayer con seis miembros de la familia rival en la ciudad alemana de Duisburgo. La 'venganza de San Luca' se ejecutó a tiros, muchos tiros, y puso fin a las vidas de Sebastiano Strangio, de 39 años; Marco Marmo, de 25; los hermanos Franco y Marco Pergola, de 22 y 20; Tomasso Venturi, de 18; y del adolescente Francesco G., que vio como su existencia acababa a diez días de alcanzar los 17.
Todas las víctimas eran familiares o allegados. Se había reunido en la pizzería Da Bruno, que regentaba Strangio, para celebrar la mayoría de edad de Venturi. Al termino de la fiesta, hacia las dos y media, cuando ya se habían subido en dos coches -cuatro en un Vokswagen Golf y los otros dos en una furgoneta Opel-, llegaron sus asesinos. Más de setenta proyectiles les acribillaron en el interior de los vehículos, aunque una de las víctimas logró salir para morir en la acera. Todos presentaban además un tiro de gracia en la cabeza. La 'faida', la venganza, exigía todo el ritual.
Masacre sin precedentes
Una viandante escuchó las mortales detonaciones y alertó a la Policía tras ver cómo huían los criminales con sus armas aún humeantes. Cuando los agentes llegaron a la bocacalle de Mülheimerstrasse, a cien metros de la esta- ción central de Duisburgo y junto a la pizzería, se toparon con una masacre sin precedentes en la tranquila ciudad germana. Los agentes hasta ahora se han limitado a pedir la colaboración ciudadana, ya que la matanza se produjo en una zona con mucho tráfico rodado y se cree que pudo haber numerosos testigos. También se examinan las grabaciones de las cámaras de seguridad de los diferentes edificios administrativos ubicados en la zona.
«Fueron masacrados sin piedad. Les dispararon a quemarropa y sus cuerpos presentaban numerosos impactos. También los coches estaban ametrallados», explicó el oficial encargado del caso, Heinz Sprenger. La misma fuente precisó que las víctimas eran los trabajadores y los propietarios del restaurante. Fueron identificados por una mujer que llegó al escenario del crimen minutos después bañada en lágrimas. «Sebastiano, Sebastiano», gritó sumida en un estado de histeria ante las numerosas cámaras de televisión congregadas de inmediato.
Antecedentes
Los seis asesinados residían en Alemania desde hace varios años, integrados en la numerosa colonia transalpina. Una de ellas había sido procesada por la Justicia italiana por blanqueo de dinero y otras cuatro fueron condenados por delitos de escasa entidad.
La Fiscalía encargada del caso requirió de inmediato la ayuda de especialistas italianos en la lucha contra las mafias. Dos agentes de Interpol dirigen ya las investigaciones de un séxtuple crimen, «continuación de un conflicto entre las familias Nirta-Strangio y Pelle-Vottari», como explicó el ministro del Interior de Roma, Giulinao Amato. «Que la venganza podría tener un desarrollo clamoroso lo sabíamos. Pero no podíamos conocer ni dónde ni cuando, pero estábamos seguros de que habría muchos muertos. Era un crimen anunciado», añadió el fiscal adjunto de Reggio Calabria, Salvatore Boemi.
El ajuste cuentas de Duisburgo es el último capítulo de una venganza que en los últimos ocho meses se ha cobrado la vida de once personas. El asesinato de Maria Strangio, mujer de Giovanni Nirta, considerado uno de los jefes del grupo aliado con los Strangio, resucitó la afrenta de 1991 en Navidad del pasado de año. Se trata de una guerra que afecta a 75 familias consideradas 'unidas' al crimen organizado y con un ejército de entre 7.000 y 9.000 soldados dispuestos a defender su sangre.






