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India busca convertirse en potencia seis décadas después de su independencia
Nueva Dehli tiene pendientes la lucha contra la pobreza, los conflictos territoriales y la crisis energética
16.08.07 -
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India busca convertirse en potencia seis décadas después de su independencia
CELEBRACIÓN. Un niño indio contempla con una bandera en la boca los actos conmemorativos de la independencia. / AP
Sesenta años después del trauma de su división y el logro de su independencia de la corona británica, India mira al futuro con el sueño de consolidarse como potencia a través de un camino lleno de obstáculos para dejar atrás su etiqueta de viejo elefante asiático.

A seis décadas de que el entonces primer ministro, Jawaharlal Nehru, proclamara la liberación de India en el Fuerte Rojo de Delhi, Manmohan Singh, actual mandatario, izó ayer la bandera tricolor en el mismo monumento y pronunció un discurso cuyo eje central fue la erradicación de la pobreza y la inclusión de todos los sectores sociales en un proyecto común.

Ante una multitud que echó a volar globos blancos, verdes y naranjas, los colores de la bandera india, Singh manifestó que el éxito de una democracia secular con mil millones de personas de tanta diversidad es vista con admiración en el resto del mundo. «Es nuestra fortaleza», abundó el jefe de Gobierno, que pertenece al histórico Partido del Congreso.

La ceremonia en el Fuerte Rojo de Delhi vino precedida de un desfile militar. El himno de India, compuesto por el poeta bengalí Rabindranath Tagore, resonó en dos ocasiones en el ladrillo rojo del monumento.

En su discurso, Singh no escondió las catástrofes que afectan al país: pobreza endémica, conflictos territoriales y crisis energética, pero se refirió a India como un país que se consolida como «un puente entre los extremos del mundo» oriental y occidental.

Lo viejo y lo nuevo siguen conviviendo en una India marcada por un impresionante crecimiento macroeconómico que no impide que el 24% de sus 1.100 millones de habitantes vivan bajo el umbral de la pobreza, según la cifra oficial.

El desarrollo económico, con un PIB que avanza a un ritmo cercano al 9% anual, ha beneficiado sobre todo a las clases altas y medias, mientras que la mayoría de la población sigue sumida en la pobreza tras quedar al margen del crecimiento en los últimos sesenta años.

Según las conclusiones de un estudio de una comisión gubernamental difundidas la semana pasada, el 77% de los indios vive con menos de 20,3 rupias -menos de 50 céntimos de euro- por cabeza al día; el precio de un litro de leche en Nueva Delhi.

El propio primer ministro, Manmohan Singh, reconocía a mediados de este año estar «perplejo» por las diferencias entre las distintas regiones y mostraba su preocupación porque el 'boom' económico ni va a la misma velocidad que la creación de infraestructuras, ni ha logrado reducir el abismo entre las urbes y el campo.

Es en las zonas rurales donde el Gobierno tiene otro gran caballo de batalla: la superación del rígido sistema hindú de castas, que pervivió durante la colonización británica y resiste aún al calor de las tradiciones religiosas y de un escaso índice de alfabetización.

Elección de una 'intocable'

Pese a todo, en los últimos meses India ha dado algunos significativos pasos hacia la igualdad, reflejados en hechos como la elección de una 'dalit' o 'intocable, la comunidad más desfavorecida en el sistema de castas, como jefa de Gobierno del importante estado norteño de Uttar, el más poblado del país.

A los conflictos sociales y religiosos, con esporádicos enfrentamientos entre la comunidad hindú y la musulmana como reminiscencia de los tiempos de la partición, se une la violenta lucha de numerosos grupos separatistas que actúan en el vasto territorio indio.

Además del conflicto de Cachemira -donde operan más de una docena de grupos que quieren su independencia o su anexión a Pakistán-, India debe lidiar con una treintena de organizaciones armadas. Entre ellas, dan especial dolor de cabeza al Gobierno la de los «naxalitas», nacida al hilo del movimiento comunista a finales de 1960 y que lucha por la creación de un Estado maoísta en el centro y el este, y el ULFA, un grupo separatista que quiere la independencia de la región nororiental de Assam.

El balance está lleno de claroscuros. Los números perfilan una India emergente con un enorme potencial humano y un incuestionable crecimiento económico, pero, sobre el terreno, las persistentes desigualdades y su complejidad territorial lastran aún el futuro del gigante asiático.
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