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Un paseo con los tatarabuelos magdalenienses
Hace 16.000 años, nuestros antepasados cazaron, pintaron y pusieron nombre a las cosas en el pequeño valle de Sastarrain. Y dejaron en torno a Ekain una huella que aún se puede seguir
15.08.07 -
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Un paseo con los tatarabuelos magdalenienses
PARAJE. Entorno de la cueva de Ekain, en el valle de Satarrain. / ANDER IZAGIRRE
Venían en primavera y verano, a cazar cervatillos recién nacidos, y pasaban la temporada en una cueva de 13 metros de largo por 2 de ancho. Allí vivían entre diez y veinte personas. Algunos se metían por una estrecha galería, hasta el punto en el que la caverna volvía a ampliarse, y allí pintaban y grababan figuras de animales. Hoy se cuentan setenta: la mayoría son caballos, hay también bisontes, cabras, algún ciervo, un par de osos y un salmón.

El 'método Atxaga'

Preguntas a borbotones

Sigamos a los magdalenienses de vuelta a casa, después de que hayan cazado un par de cervatillos o de que hayan pescado algún salmón. Para llegar a la cueva remontaban el vallecito de Sastarrain (desde Zestoa, debemos cruzar el Urola por el Puente Viejo, caminar hacia la derecha hasta el palacio de Lili y tomar el camino que allí arranca). Si no miramos a los caseríos, si obviamos la pista de cemento y si tenemos suerte de que no pase un todoterreno, podremos hacernos una idea de lo que veían y lo que escuchaban los prehistóricos: el rumor del arroyo Sastarrain, chispeando por un frondoso bosque de ribera.
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