
LOS 5 MUNICIPIOS
PSN, Na-Bai e IU acordaron a mediados de junio apoyarse mutuamente para dirigir seis alcaldías navarras. Barañain, Villava, Zizur Mayor y Alsasua quedaban en manos de la coalición vasquista y Burlada y Olite iban para los socialistas. En tres de estos municipios, la lista más votada había sido UPN.
En cuatro de ellos se han suscrito pactos de gobierno y en Villava los socialistas esperan hacerlo en breve. En total, casi el 9% de la ciudadanía navarra. La excepción es Barañain, donde a pesar de que el PSN dio la alcaldía a Na-Bai, ambas formaciones mantienen una fría relación.
Esta cooperación municipal no se romperá a pesar de lo sucedido este pasado fin de semana, cuando los parlamentarios del PSN facilitaron con su voto en blanco o su abstención la investidura de Sanz. Fue el punto y final a dos meses de tortuosas negociaciones que han abierto una crisis de calado entre los socialistas navarros.
«Lo sucedido a nivel foral no tiene por qué influir. Tenemos unas relaciones excelentes con los representantes de Nafarroa Bai, incluso antes de esta legislatura», sostiene Mari Carmen Ochoa, alcaldesa de Olite, miembro de la ejecutiva del PSN y una de las más reacias a facilitar el Gobierno regional a UPN.
Y es que la mayoría de los concejales de los cinco municipios en los que la sintonía entre socialistas y Na-Bai es plena pertenecen al ala más crítica con el actual secretario general, Carlos Chivite. Una de ellas es Lourdes Montero, edil en Zizur Mayor y hasta el sábado integrante de la ejecutiva regional: dimitió tras confirmarse que los parlamentarios del PSN facilitaban la investidura de Miguel Sanz. A su juicio, se trata de dos ámbitos diferentes, aunque se pregunta «por qué lo que vale para un sitio no sirve para otro».
En este sentido, Montero recuerda que fue la dirección regional encabezada por Chivite la que ordenó de forma explícita colaborar a nivel municipal con Na-Bai. «A mí me pareció perfecto, pero había compañeros que no lo veían claro. Lo que no entiendo es que lo que entonces nos vendieron como un pacto de progreso y necesario para Navarra, ahora nos dicen que no es posible», afirma.
«Patada en la tripa»
Un malestar que también muestra José Luis Uriz, uno de los principales portavoces del sector crítico y concejal en Villaba. En este municipio aún no se ha firmado el pacto de gobierno, pero el representante socialista cree que no tardará mucho en concretarse. Uriz es rotundo: «Nuestra relación con Na-Bai no se va a romper por lo que ha sucedido en el Gobierno».
El escenario en Barañain es diferente y es uno de los mejores ejemplos de la paradoja en la que está sumergido el PSN. Cuando Chivite les comunicó en junio que debían apoyar a Na-Bai para desbancar a UPN de la alcaldía, los concejales socialistas mostraron su malestar. «Nos sentó como una patada en la tripa porque iba contra nuestros principios, pero, como somos muy disciplinados, acatamos la orden», señala uno de los cuatro ediles del PSN, Ángel María Arrondo.
Una vez que la dirección regional fue desautorizada por Ferraz, el grupo municipal emitió un comunicado en el que sostenía que la decisión adoptada por el PSOE en Madrid estaba cargada de «plena cordura y responsabilidad política». Además, tachaba a Na-Bai de denominación «coyuntural» del nacionalismo vasco y a IU de «expresión del comunismo atávico». «Nosotros acatamos la orden, pero ahí se acabó todo», sostiene Arrondo, reacio a apoyar a Na-Bai. Para enredar más el asunto, el secretario general del comité local y ex alcalde, Iosu Senosiáin, desautorizó ayer a sus concejales.






