
Salmond dijo ayer que ahora el debate en Escocia «no es acerca de si debe haber un cambio, sino sobre el tipo de cambio». El documento de cuarenta páginas define una serie de «opciones realistas» que los nacionalistas quieren que los escoceses debatan: el actual sistema por el que se rige Escocia, su rediseño que aumente los poderes del Parlamento en áreas específicas y la independencia plena.
La propuesta incluye también un borrador sobre lo que los nacionalistas quisieran incorporar a la papeleta del referéndum. En ella se pregunta a los votantes si están a favor o no de que «el Gobierno escocés negocie un acuerdo con el de Reino Unido con el fin de que Escocia se convierta en un Estado independiente».
Tanto los laboristas como los conservadores opinan que el documento presentado ayer es exclusivamente sobre independencia, aunque lo han «disfrazado». Los liberaldemócratas abogaron por la retirada del 'libro blanco', aunque dijeron alegrarse de que los nacionalistas mostrasen signos de que estaban preparados a aceptar otras ideas aparte de la de «sacar» a Escocia de Reino Unido.
«Creemos que la independencia será lo mejor para nuestro país», afirmó Salmond en una rueda de prensa en Edimburgo. «Otros apoyan una mayor devolución de poderes, o más responsabilidad en impuestos y gastos, o el federalismo. Pero sean cuales sean las diferencias entre los partidos políticos, el mensaje de las elecciones fue obvio: que el estatus constitucional de Escocia debe avanzar», comentó.
Influencia y autoridad
Aunque en general los escoceses desean que su Parlamento tenga más influencia y autoridad frente a Londres, Salmond es consciente de que no están preparados para la independencia; que para llegar a ella se requerirá mucha persuasión. Según la última encuesta publicada en Reino Unido, un 48% de los escoceses respalda al Partido Nacionalista, pero sólo un tercio apoya la independencia. Esto no amedrenta al líder nacionalista, que ve la propuesta como un proyecto a largo plazo: «Roma no fue construida en un día. Ni siquiera en cien», dijo Salmond.
Laboristas, conservadores y liberaldemócratas forman la oposición en el Parlamento desde que el Partido Nacionalista Escocés (SNP en sus siglas en inglés) arrebatase el control de la región -por un escaño- a los primeros, que habían liderado Escocia durante los últimos cincuenta años. El SNP gobierna en minoría con sólo 47 escaños (más el apoyo de dos diputados Verdes), por lo que debe buscar coaligarse a otros para obtener los 65 votos necesarios para sacar adelante sus propuestas en una cámara de 129 diputados. De hecho, ha pasado gran parte del verano negociando apoyos para su programa legislativo, que presentará próximamente.
El líder nacionalista se siente presionado, a la hora de proponer sus planes para una futura independencia, por el hecho de que la oposición, que es mayoría, se oponga en bloque a la independencia y, por tanto, vote en contra de su propuesta, que criticaron porque consideran que generará «división e incertidumbre». En concreto, la diputada del Partido Laborista, Cathy Jamieson, dijo ayer que una consulta «no es necesario», pero su partido está dispuesto a trabajar «para obtener más poderes para la región».
Los escoceses son invitados a hacer sus comentarios sobre el 'libro blanco' en una web creada especialmente para ello: www.anationalconversation.com. Además, se anunciaron ayer una serie de actos públicos en los que el propio primer ministro escocés, junto a ciudadanos, líderes empresariales, de organizaciones civiles y del mundo académico tendrán la oportunidad de intercambiar sus opiniones.






