
No ha habido reacción por parte de las Fuerzas Armadas a la decisión de Gul y de su jefe de filas, el primer ministro Erdogan, pero todos los análisis de la prensa turca coincidían ayer en señalar que -a diferencia de lo ocurrido en la primavera- tanto los mandos militares como las otras instancias del poder laicista tendrán que aplicar esta vez una «retirada táctica». Pese a su dilatada tradición golpista, los militares otomanos no han protagonizado ninguna asonada desde hace diez años, precisamente cuando decidieron derribar el primer Ejecutivo de carácter islamista.
Abdulá Gul disgusta a los militares por algunas cuestiones menores, como por ejemplo su participación como secretario de Estado en el Gabinete islamista de los años 90; y por motivos en apariencia formales que para los militares turcos -educados en una estricta disciplina ideológica secularista- son más que suficientes como 'casus belli'. El hecho de que el futuro jefe del Estado, y al mismo tiempo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, esté casado con una mujer que porta en público el velo islámico produce sarpullidos a los generales.
El puesto de presidente ha sido siempre ocupado por personalidades políticas fuertemente comprometidas con los llamados «principios seculares» del Estado creado en 1923 por Mustafá Kemal, Ataturk. Como responsable del nombramiento de jueces y rectores de Universidad, el jefe del Estado puede así dirigir el combate contra el proyecto islamista en la enseñanza -que busca fomentar o al menos proteger la amplia red de madrasas o escuelas coránicas-, y combatir las reivindicaciones de las minorías no otomanas, en particular la kurda, que se saldan con duras sentencias de cárcel para intelectuales y periodistas dictadas por los magistrados nacionalistas.
Enfundar las armas
La percepción de que Abulá Gul y su partido, el islamista moderado AKP, pretende acabar con la militancia secularista del presidente augura un período muy difícil en Turquía a partir de la elección del nuevo presidente, que se producirá como más tarde el 28 de este mes. Las promesas realizadas ayer por Gul de respeto a los principios laicistas del Estado son muy poco creíbles, y en cualquier caso no pueden ser avaladas por ningún dato. El único que figura sobre la mesa es la cómoda mayoría parlamentaria del AKP, que asegura la elección de Gul. Y el cálculo de que los militares turcos tienen cada vez las manos más atadas por Europa y por Washington para salir de los cuarteles. El Ejército está condenado a otorgar a Abdulá Gul y a los islamistas el beneficio de la duda, al menos por un generoso período de tiempo.






