
El Valencia movía sin demasiada rapidez el balón pero su infinita superioridad técnica le permitía ir coleccionando ocasiones de gol. Se barruntaba una goleada y los suecos se atrincheraron frente a su área ante las acometidas del conjunto español, que cargó en exceso el juego por la banda izquierda donde las diabluras de Vicente ponían en serios apuros a la zaga escandinava.
Los locales se sabían superiores, aunque no terminaron de cristalizar en gol sus acciones ofensivas frente a un rival que apenas inquietós. Con la mínima ventaja concluyó el primer acto en el que el Valencia dispuso de más de un 70% de la posesión del balón ante un Elfsborg que llegó mejor parado de lo que se esperaba a los vestuarios.
En la reanudación, el Valencia siguió pecando de un juego excesivamente horizontal hasta que apareció la genialidad de Silva. El segundo gol y la salida al campo de Morientes cambiaron la cara al Valencia. Fueron los minutos en los que además Joaquín sacó a relucir toda su calidad para desbordar y asistir, y al igual que hizo en el segundo gol, el gaditano dio una nueva asistencia de lujo, en esta ocasión a Morientes, para anotar el tercero a veinte minutos de final.






