
Los que permanecen abiertos, aunque mantienen las esperanzas, también perciben el descenso de comensales en estas fechas. En el restaurante Beroki, situado en la Plaza Circular, confiesan que «en fin de semana igual no damos ni un menú», ya que sus clientes habituales, la mayoría «ejecutivos» están de vacaciones y «eso siempre se nota». Otro establecimiento que le sucede lo mismo porque está «rodeado de oficinas» es el Passarella, en Alameda Urquijo. Berta Castillejo, camarera de este restaurante italiano, declara que es «sobre todo por la noche cuando se nota el bajón».
Una de las principales razones por las que se produce esta situación es, según Roberto Carmona, propietario de Baden-Baden, en la Gran Vía, que « estamos todos sin un duro, con hipotecas y todo, y no estamos para gastar». Además, considera que «el fin de la tregua de ETA también influye, sobre todo en los turistas».
«El peor mes»
La notable bajada del consumo no sólo se ha apreciado en el centro bilbaíno. El 52,8% de restaurantes considerados como periféricos también cierran sus puertas. Aunque, a pesar de cifras tan pesimistas, siempre hay excepciones, como la Taberna Azak, de la calle Pablo Alzola, que se mantiene abierta durante todo el mes de agosto. Su dueño, Iñaki Suárez, opina que «el mes de julio ha sido el peor de los dos últimos años» y cree que «la dinámica de consumo que llevamos no permite a la gente ir a comer o a cenar fuera de casa», lo que ha provocado, a su juicio, una bajada de clientes «de entorno al 30%».
Eneko Marín, propietario del restaurante y sala de espectáculos, Dinner's Queen, en Tristán de Leguizamón, aún va más allá a la hora de concretar la razón de la situación que sufre el sector. «Hacer que los pubs cierren tan pronto perjudica a la ciudad. Bilbao es una ciudad que no está preparada. Guggenheim y ¿qué más?», se pregunta dolido.
La mayoría de locales esperan impacientes la Aste Nagusia para poder remontar la bajada de la clientela. Aun así, hay restaurantes céntricos que ni en fiestas abrirán. Uno de ellos es el Berdes, de la Plaza San José: «La Semana Grande es grande para unos, pero no para otros», explican sus camareros. Por su parte, la Taberna Gosari, en la calle San Vicente, solía abrir en fiestas, pero José, su propietario, decidió alargar sus vacaciones porque «la gente entra con katxis y sólo usa el servicio».








