
«No veníamos desde hace tres años y la hemos encontrado muy abandonada. No hay el más mínimo servicio. Se nota la falta de arena y hay poca higiene», se lamentaba Vicky Pascua, una joven de Madrid con familia en Castro.
Otros años, el Ayuntamiento ha dotado de inodoros portátiles a las cinco playas del municipio. Como este verano no hay dónde acudir y hablamos de una necesidad irremediable, la gente opta por entrar a aliviarse en el hotel Miramar, ubicado a pie de playa y donde «el ir y venir es constante», o al Bitácora o el Oasis, los dos bares más cercanos. «Tenemos que pasar la fregona cada vez que entra alguien porque se asean aquí y nos lo dejan todo perdido. Estamos desbordados», admiten en el Bitácora.
Caídas en la rampa
El temporal que azotó en marzo la costa cántabra ha dejado profundas huellas en Brazomar. Lo más llamativo es el estado de la rampa de acceso a la playa, que se encuentra destrozada e impide el paso de los carritos de bebé y personas discapacitadas, y que ha provocado también la caída de, hasta ahora, seis personas mayores que han tenido que ser atendidas por la DYA.
Por su parte, la falta de arena a pie de las escaleras fomenta peligrosos desniveles que obligan a dar saltos considerables para lograr pisar la playa. La Demarcación de Costas de Cantabria asegura que acometerá «las labores de reposición de la arena eliminada por el oleaje», si bien lo hará «cuando se disponga de la draga necesaria para ello y siempre que no se perjudique a los usuarios». No obstante, no considera que esa tarea sea «urgente», dado que el actual estado de la playa «permite el uso» por parte de los ciudadanos.
No obstante, uno de los mayores peligros se esconden en la arena. Todos los días aparecen trozos de cristal semienterrados, restos de los ventanales del hotel Miramar que varios golpes de mar reventaron a consecuencia del mencionado temporal. Varios niños han tenido que ser atendidos por diversos cortes.










