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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Sociedad

GUADALAJARA
Cadena de fatalidades
Los gases de una fosa séptica matan a 4 personas en una sucesión trágica en la que un padre intentó salvar a su hijo, el encargado a sus patronos y la mujer a su marido
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Cadena de fatalidades
Entrada a la piscifactoría de Illana donde se desató la tragedia. / EFE
Los gases venenosos de una fosa séptica se cobraron ayer la vida de cuatro personas en una piscifactoría, situada en el río Tajo, entre los pueblos guadalajareños de Almoguera e Illana. Ambas localidades vivieron ayer uno de los días más tristes de su historia. En plazas y bares circulaba la versión de los hechos, coincidente casi palabra por palabra, con la que el alcalde de Almoguera, Luis Padrino, narró a los numerosos medios desplazados.

«Antonio -explicaba compungido el alcalde- estaba limpiando la fosa séptica. Su padre, Quico, el dueño de la piscifactoría, se inquietó al no oír ruido en el interior del agujero y se acercó a ver qué sucedía. Comprobó que su hijo estaba tendido en el suelo y bajó a socorrerlo. Mientras, en la oficina, llamaron por teléfono preguntando por Quico de otra de sus piscifactorías. Era urgente. Así que la muchacha que atiende las llamadas salió a buscarle y se encontró al padre con su hijo en brazos y ambos inconscientes en el fondo de la fosa. Salió corriendo a avisar al encargado, a Carlos, que intentó auxiliarles, pero también cayó desmayado y detrás de él, para intentar salvarle, se lanzó su esposa, Cristina...».

Los cuatro murieron. Faltaban unos minutos para que los relojes de las iglesias de Almoguera e Illana marcaran la una de la tarde, el tiempo que bastó para que se consumara la tragedia en la que perdían la vida Francisco del Olmo, de 58 años; su hijo Antonio, de 23, y el matrimonio formado por José Carlos Hernández y Cristina Clemente, de 36, que dejan a un huérfano de nueve años.

Imperio piscícola

En la zona nadie se lo podía creer. La piscifactoría era muy conocida pues, además de su actividad comercial, mantenía un lago, con un bar y varias barbacoas. Las gentes de la comarca y muchos madrileños aficionados a la pesca acudían a este enclave a pasar el día. Lanzaban sus cañas al agua y lo que pescaban lo compraban al peso para luego cocinarlo en las lumbres. Curiosamente el lago se encontraba cerrado este mes por vacaciones y sólo se mantenía la actividad de la piscifactoría.

La familia Del Olmo es la propietaria del grupo Piszolla, que posee siete plantas en toda España especializadas en truchas arco iris. Además de la de Illana -pertenece a este término municipal por unos metros, aunque está mucho más próxima de Almoguera cuyo ayuntamiento decretó ayer dos días de luto- cuentan con piscifactorías en las localidades salmantinas de Alba de Tormes, Encinas de Arriba y Siete Iglesias, en la zaragozana de Cimballa, en la logroñesa de Torrecilla de Cameros y en la conquense de Huélamo. Producen más de 4.000 toneladas anuales que comercializan en España, Portugal, Francia, Alemania y Austria.

El imperio piscícola tuvo su origen en los abuelos, Rufino y Fernanda, naturales de Cáceres, que se establecieron en Madrid, donde llegaron a regentar varias pescaderías. Los abuelos, ya octogenarios, viven en la misma piscifactoría donde ocurrió el doloroso suceso en el que han perdido a uno de sus hijos y a un nieto. Tuvieron que ser atendidos, así como otros familiares y empleados, por psicólogos al conocer la noticia.

Su primera experiencia con la cría de truchas se produjo hace más de 30 años en la localidad de Zorita de los Canes y hace unos 25 se instalaron en el Tajo, poco antes de que este río abandone Guadalajara para adentrarse en Cuenca.

En 1995 estas instalaciones sufrieron los efectos de una riada que anegó y enlodó todas las piscinas de cría. Los vecinos de ambos pueblos aún recuerdan que acudieron espontáneamente a ayudarles. Tanto los propietarios como los empleados eran muy apreciados en la zona.

Padre e hijo estaban empadronados en Madrid, en Pozuelo de Alarcón, pero pasaban la mayor parte del tiempo en su casa, un gran chalé junto a la piscifactoría y el joven había cursado sus estudios en Mondéjar, a unos 15 kilómetros. Carlos y Cristina también vivían en el complejo, junto a otras cinco familias de trabajadores. Los fallecidos fueron trasladados a Guadalajara, donde se les efectuó la autopsia.
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