
Con aspecto de querubín pese a sus 56 años, y de estudiante empollón, tal y como le llama Bush, Karl Rove ha sido durante su etapa en Washington objeto de especulaciones sin fin. Una fascinación cimentada en el hecho de que Rove aconsejaba al presidente Bush sobre toda cuestión relacionada con política y opinión publica. Lo que en la Casa Blanca supone aconsejar sobre casi todo. En su papel de 'canal de Panamá' por donde casi obligatoriamente todo tiene que pasar, las teorías conspirativas tan abundantes en Washington le han atribuido una miríada de manejos, tretas y montajes.
Sueños frustrados
La especialidad de Rove ha sido la organización electoral, la búsqueda de votos y plantear toda una serie de debates políticos en términos favorables para los republicanos. Con sueños reconocidos pero frustrados de otorgar al Partido Republicano una mayoría sólida y duradera en EE UU, utilizando como modelo y fuente de inspiración la presidencia de William McKinley a finales del siglo XIX. Por eso en su despacho del ala oeste de la Casa Blanca, figuraba en un lugar especialmente prominente una foto del presidente Bush, rubricada y con la inscripción: «A Karl, el hombre del plan».
Durante estos años, Rove también se ha ganado fama de utilizar estrategias de ataque despiadadas y preventivas, como las desplegadas en 2004 contra el senador Kerry, al que se presentó como un elitista de izquierda, dubitativo y fuera de sintonía con la América real. Su otra herramienta de trabajo han sido los números, los sondeos y las encuestas de intención de voto. Con fama de manejar datos y cifras a nivel de condado.
Conocido por sus bromas, su adicción al correo electrónico y su pasión por la historia política de EE UU, se presentó en Washington con una mudanza que contenía más de 150 cajas de libros. Pero a pesar de tanta erudición, a él le gusta decir que dirige todas sus campañas electorales «como si la gente estuviera viendo la televisión con el sonido apagado».






