
-Gracias a Jason Bourne, muchos ven en usted al nuevo Bond.
-El reconocimiento que me está dando este personaje es increíble. Resulta divertido: cerca de la cuarentena me ha dado la oportunidad de hacer un papel que es todo fantasía. Me levanto, hablo doce idiomas, soy experto en artes marciales, tengo un altísimo coeficiente intelectual y las mujeres me encuentran atractivo. ¿Qué más se puede pedir?
-¿Le costó ponerse en forma?
-Cuando empezamos a rodar ya estaba en muy buena forma. Poco a poco fui abandonando el gimnasio porque quería pasar tiempo con mi mujer y mis hijas. Fui dejando a Bourne quemar su forma física. Al final, el director, Paul Greengrass, y yo nos reíamos porque había escenas en las que se veían mis michelines, y yo le rogaba que las suprimiera. Cada vez los planos son más altos para que no se me vea el estómago.
-Las secuencias de acción son espectaculares.
-Paul es un cineasta muy técnico, tanto que era aburrido las muchas horas que invirtió en esas escenas. Es importante aprender las escenas de acción de memoria, tienes que tener muy claro dónde pones la mano, el codo, la cabeza, para así repetir lo menos posible, porque hasta que no quedan perfectas Paul insiste e insiste.
-Se entrega al personaje llegando incluso a poner en peligro su salud. ¿Merece la pena tanto esfuerzo?
-Sí. Creo que me entrego tanto por mi ausencia de imaginación. Investigo mucho sobre el personaje para saber cómo reaccionaría ante distintas situaciones. A veces funciona y otras termino consumido y deprimido. Siempre me pasa. Cada vez que decido hacer una película sufro ataques de miedo. La primera semana pienso que no voy a ser capaz de interpretar el personaje. Me enfrento a mis terrores, y entonces empiezo a disfrutar de la decisión que he tomado.
Fijación por la taquilla
-El público ve a Jason Bourne como el nuevo héroe de moda.
-Hay muchos filmes de acción que cuentan historias en las que no te puedes llevar el personaje hacia ningún sitio. Las películas de Bourne me dan la oportunidad de transformarme en un espía, pero al mismo tiempo el público se siente interesado por el personaje. Sí, hay acción, pero también historia. Ése es el secreto de la trilogía.
-Cuando está delante de la cámara, ¿piensa en el público?
-Trabajo para mí. Me gusta rodearme de actores que me parecen interesantes y hacer papeles que me divierten. No trato de agradar al público y tampoco de alimentar ningún tipo de imagen.
-¿Está interesado en hacer comedia romántica?
-Es muy difícil encontrar una película romántica que no sea superficial. No funcionan porque el guión es ligero, no ahondan en las relaciones. No me importaría interpretar una comedia romántica, pero no quiero ahogarme dentro de una historia que no me interesa.
-Ben Affleck y usted empezaron junto, pero sus carreras han tomado caminos muy distintos.
-Cada uno toma sus propias decisiones y elige sus películas, pero es injusto decir que yo no he tenido fracasos. Ben es un gran actor y muy buen director.
-Hollywood ha depositado muchas expectativas en usted.
-Me molesta esa constante fijación en los actores a los que les va bien en taquilla, porque eso se traduce en presión. No me quejo porque me tratan muy bien en esta industria. Pero yo decido mi carrera en función de lo que me apetece hacer, no tengo estrategias.
-¿Cree que a Ben Affleck le ha perjudicado salir en las revistas del corazón?
-Ben y yo hemos vivido situaciones diferentes. Él se ha visto envuelto en un mundo que no le gustaba demasiado y trata de no repetir errores pasados. A mí no me interesa agradar a todo el mundo. Si la gente viene a ver mis trabajos, será por que les gusta cómo lo hago, no por causas ajenas a mi carrera o por lo que las revistas cuenten de mi vida privada. Sólo quiero ser considerado un actor, no una estrella. No me veo como un hombre lo suficientemente carismático como para lidiar con ello.
-Por eso no lleva nada bien que le descubran cuando está rodando.
-Cierto. No me gusta hablar de mi vida sentimental ni de mí mismo. No soy una persona abierta.






