
Por el momento, el Gobierno central se ha comprometido a intensificar los controles de las importaciones de atún y merluza para frenar la caída de sus precios en lonja. El servicio de Inspección Pesquera del Ejecutivo autónomo, por su parte, ha efectuado en la última semana dos decomisos, en Oiartzun e Irún, de un total de 800 kilos de atún rojo desembarcado en los puertos de Tarragona y Cádiz, cuya procedencia era ilegal.
Los pescadores, sin embargo, se muestran escépticos ante este tipo de medidas. «Quedan muy bien de cara al público para calmar nuestras protestas, pero tienen que ser efectivas y aplicarlas de verdad para que lo notemos en el saldo a final del mes. Parece que no les interesamos», recalca un armador ondarrés que regresa a tierra con motivo de las fiestas patronales de la villa costera.
Los arrantzales insisten que durante los últimos veinte años el precio del bonito apenas ha incrementado, mientras que «el gasóleo y los víveres no han parado de subir. Así no hay sector que pueda mantenerse», recalcaron en el muelle de Ondarroa.
Menos capturas
La flota vasca ha pescado hasta el momento un tercio de lo capturado el pasado año, que fue una de las mejores campañas desde 1997 al superar las 18.800 toneladas. «Entonces nos decían que el hecho de que se pagase poco respondían a las elevadas capturas y que se facturaba más que nunca. Ahora los apresamientos son mucho menores y la cotización es igual o incluso algo más baja. ¿Qué pasa?», se cuestionan los pescadores.
La cotización media en lonja ronda los 2,5 euros el kilo, aunque en las últimas jornadas ha llegado incluso hasta los tres euros. «En las pescaderías ha alcanzado los trece. Señal de que se vende y de que los consumidores saben apreciar el bonito que pescamos nosotros», destacaron.
Los representantes de los arrantzales reclaman con insistencia una urgente intervención en los mercados para evitar agravar la crisis de la flota integrada en el País Vasco por unas 150 embarcaciones y que atraviesa uno de sus momentos más delicados. «Estamos en la UVI y necesitamos medidas para evitar que el enfermo muera», se lamentan desde la federación de cofradías.
Esta institución solicitará en breve una reunión con el sector conservero para llegar a un compromiso que «les impida vender lo que llega de otros mares como si fuera bonito del norte. Todo no puede ser del Cantábrico y los consumidores tienen que saberlo», aseguran.
Ante esta situación, los arrantzales han llegado incluso a plantearse la posibilidad de interrumpir la campaña. «El debate está en la mar. Por el momento, han decidido seguir pescando. Pero los ánimos están enrarecidos, y no es para menos», recalca el presidente de la federación de cofradías de Vizcaya, Iñaki Zabaleta. Entretanto, en tierra crece la preocupación y el malestar.






