
Después de dos meses de intrigas, dudas y negociaciones frustradas, el culebrón del verano toca a su fin. Navarra tiene presidente y es Sanz. El viernes no logró la preceptiva mayoría absoluta que señala el reglamento foral. Ayer, sin embargo, sólo necesitaba obtener una papeleta más que las fuerzas de la oposición. No tuvo problemas. Salió elegido ayer por 24 votos a favor -UPN y CDN-, 14 en contra -Nafarroa Bai e Izquierda Unida-, 11 en blanco y una abstención -PSN-.
Todas las miradas estaban puestas en los socialistas. La dirección del PSOE había exigido a los representantes del PSN que facilitasen la investidura de Sanz. El grupo parlamentario acató la orden en una reunión mantenida hace varios días. Todos confirmaron taxativamente que no habría problemas. El único que mantuvo el suspense fue Juan José Lizarbe, ex secretario general del PSN y muy crítico con su sucesor en el cargo, Carlos Chivite. «Me doy por enterado», dijo cuando se le comunicó el mandato de Ferraz. Al final, no hubo rebelión. Varias horas antes de celebrarse la votación definitiva, Lizarbe confirmó a este periódico que se plegaba a los deseos de la ejecutiva de su partido.
Conocida su decisión, desapareció el suspense. Pasadas las 17.10 horas, Sanz superaba sin problemas la segunda votación y se convertía por cuarta vez en presidente navarro. Desde el PSN se aclaró que el hecho de que en su grupo hubiese habido 11 votos en blanco y una abstención no tenía ningún significado político. Se achacó al error de un parlamentario. En la práctica, el resultado es el mismo.
Nada más conocerse el resultado, el líder regionalista recibía el saludo y el afecto de sus correligionarios y también de sus rivales, entre ellos, los representantes de Na-Bai y PSN, Maiorga Ramírez y Roberto Jiménez.
De esta manera se cerraba un dislate que se ha prolongado durante más de dos meses y que ha dejado profundas heridas en el Partido Socialista. La pérdida de la mayoría absoluta abrió la posibilidad de un gobierno alternativo formado por Na-Bai, PSN e IU. Las tres formaciones mantuvieron numerosas reuniones y estuvieron a punto de cerrar un acuerdo. Pero el pacto no recibió el visto bueno de Madrid.
Una parte importante de la dirección del PSOE observaba con sumo recelo esta alianza, al temer que podría ser utilizada por el PP para atacar a Zapatero a siete meses de las próximas elecciones generales. Según este análisis, un Ejecutivo con la coalición vasquista en Navarra haría perder votos al PSOE en el resto de España. El sector más reacio a esta entente lo ha encabezado el secretario de Organización, José Blanco, quien llegó a reunirse durante el mes de julio con el propio Miguel Sanz.
Al final, se impuso su tesis. Desautorizó a la dirección regional, que había suscrito un documento a favor de un gobierno «de progreso», y ordenó que los parlamentarios se abstuviesen. Un terremoto interno que acabó con la dimisión del candidato y portavoz socialista, Fernando Puras, y que sigue abriendo numerosas grietas en el partido.
Otra etapa
En el nuevo escenario, el PSN ya ha afirmado que ejercerá una oposición «útil, pero firme» y ha tendido «la mano» a Sanz. Y el presidente de UPN ha recogido el guante. Bien sea por convencimiento personal o por interés -los socialistas son imprescindibles para que Sanz tenga una cierta estabilidad y no haya una moción de censura-, el líder regionalista ha modificado durante los últimos días su discurso. Tanto en el fondo como en las formas. Su tono agresivo ha dado paso a otro mucho más conciliador y la feroz campaña contra la política antiterrorista de Zapatero ha quedado atrás. Por lo menos, momentáneamente.
Durante la jornada del sábado, Sanz no tuvo reparos en conceder el liderazgo de la lucha contra ETA al presidente del Gobierno, abogó por «superar enfrentamientos» y recuperar la «senda de la unidad». Un mensaje con el que marca distancias con el PP, su socio nacional, cuyo discurso sigue siendo mucho más crítico con la actitud de Zapatero. En un aviso a los dirigentes populares, Sanz no tuvo empachó en afirmar el viernes que su primer objetivo es defender los intereses de los navarros «a pesar de lo que diga el PP». Unas palabras que fueron acogidas con evidente satisfacción en el PSN, que, en todo caso, se muestra escéptico. «Habrá que ver si es sincero o sólo es de cara a la galería»






