La decisión fue tomada ayer por el consejo supremo talibán «como un gesto de buena voluntad». De este modo, los insurgentes esperan que «el Gobierno surcoreano, su pueblo y otros» recapaciten y «decidan sobre el destino del resto de los rehenes», ligado a que se «libere también a nuestros prisioneros y se acepten nuestras demandas», añadió Ahmadi.
Las conversaciones entre ambas partes comenzaron el viernes al mediodía en la sede de la Media Luna Roja de Ghazni, donde los misioneros surcoreanos fueron raptados el pasado 19 de julio cuando cubrían en autobús la peligrosa ruta entre Kabul y Kandahar. En ellas han participado dos delegados de la insurgencia talibán y una misión enviada por Seúl a Afganistán, con la «mediación» de un representante del Gobierno afgano.
Antes de que se produjera la liberación de las primeras rehenes, los talibanes proponían excarcelar a un primer grupo de ocho presos de su grupo a cambio de otros tanto secuestrados. Unas conversaciones que suponían un paso más después de los contactos telefónicos mantenidos el pasado día 2, tras la ejecución de dos surcoreanos por parte de la insurgencia. «Una vez que sean liberados, entregaremos otra lista de ocho prisioneros hasta que el intercambio (por los rehenes) se complete», defendía Ahmadi.
Resultados en «dos días»
Con posterioridad, los dos negociadores talibanes comparecieron ante la prensa y mantuvieron que no soltarían a sus rehenes si el Gobierno afgano no libera a un número igual de prisioneros insurgentes. Según uno de ellos, el Gobierno ya se había comprometido a excarcelar a 24 presos talibanes, pero no había cumplido su promesa. Sin embargo, el otro se mostró satisfecho con la marcha de las conversaciones y dijo esperar que darían resultado «en uno o dos días». Por lo que los «coreanos podrían regresar a sus casas» tras tres semanas de cautiverio.
Por su parte, los representantes del Gobierno surcoreano reiteraron que ellos no podían negociar la liberación de ningún talibán. Según afirmaron a la prensa esa decisión es competencia de las autoridades afganas, que oficialmente han descartado ya someterse al chantaje de los insurgentes, y que ayer no quisieron dar ninguna información sobre la marcha de las negociaciones.
El Gobierno de Kabul tan sólo mantuvo que hará «todo lo posible» para lograr la liberación de todos los extranjeros, pero siempre dentro de los límites de la «ley y la Constitución» del país. Una decisión que responde al aluvión de críticas que recibió el Ejecutivo afgano el pasado abril, cuando reconoció que había puesto en libertad a varios presos insurgentes como canje por el periodista italiano Daniele Mastrogiacomo, secuestrado por un grupo talibán que mató a sus dos acompañantes afganos.






