
Todo lo contrario de lo que opina un buen número de simpatizantes. En rueda de prensa, la dirigente de las Juventudes del PSN, Irene Lapuerta, habló ayer de «frustración» y de «grave error político» el no haber podido pactar con Nafarroa Bai e IU. El clima ha llegado a tal punto que, según señaló, el secretario general del PSN, Carlos Chivite, les impidió entrar en la sede del partido para efectuar declaraciones a los periodistas. Terminaron haciéndolas en la calle. Sin embargo, para Blanco todo esto constituye un «dato irrelevante» porque lo importante es que Miguel Sanz admitió errores.
Pero la crisis existe. Los más críticos con la gestión de Chivite siguen citándose para estudiar los pasos a dar. Alguna agrupación local ha anunciado que romperá su vinculación con el partido si los parlamentarios del PSN permiten con su abstención que el líder de UPN se convierta de nuevo en presidente de Navarra. Se trata de comités pequeños, poco significativos cuantitativamente, pero que reflejan el conflicto que se ha enquistado en el socialismo navarro.
Así, 87 militantes y cargos locales pertenecientes a 23 agrupaciones, sobre todo de la zona de La Ribera, firmaron ayer un manifiesto en Ribaforada en el que exigieron la dimisión de la ejecutiva regional y solicitaron a los parlamentarios de su partido que hoy voten en contra de la investidura de Sanz. Tampoco descartaron que, en caso de que éste resulte designado, se produzcan dimisiones en la cúpula regional de los socialistas.
No obstante, la mayoría de los cargos críticos considera que lo más conveniente es mantenerse dentro del partido para conformar una corriente de opinión interna y de oposición a la actual dirección. Ayer, un centenar de personas volvió también a concentrarse frente al Parlamento navarro en favor de un ejecutivo tripartito.






