
La muerte de Hashem Ibrahim Awad, policía retirado y padre de once hijos, a sus 52 años, se llevó a cabo con nocturnidad y alevosía. El pelotón de marines llevaba un mes planeando el asesinato. No de él, sino de su vecino, un hombre al que consideraban un insurgente responsable de la muerte de sus camaradas, pero cuando no pudieron encontrarlo simplemente se fueron a la casa de al lado.
En este punto, el abogado del marine Marshall Magincalda apunta que la Fiscalía no ha podido demostrar que Awad no perteneciese a la insurgencia, como si el juicio hubiera consistido en certificar la inocencia de la víctima, o si su participación en acciones rebeldes pudiera justificar su muerte a sangre fría. Aquella noche de abril de 2006, Magincalda y sus compañeros pusieron en práctica el plan que habían elaborado con parsimonia. Incluso dicen que habían dado «un aviso» al hombre que no pudieron detener por falta de pruebas, advirtiéndole que si volvía a estallar una bomba le harían «una visita». Y el marine, que ahora tiene 24 años, cree que si esto suena tan horrible es porque no se comprende lo que pasan en Irak.
Justificación
«Esto es la guerra, y en el otro lado no tienen reglas que cumplir. Cuando finalmente tenemos la información de inteligencia y podemos coger a alguien, es muy difícil cogerle en el acto», justifica. «Estoy enfadado por no haber sido capaz de detener (a mis compañeros), pero también porque me parece que vosotros no entendéis lo que está pasando allí», dijo a los periodistas.
No había pruebas, se les había escapado el insurgente que buscaban, pero dicen que tenían que dar un escarmiento en la comunidad. Así que sacaron a Awad de la cama, lo arrastraron hasta la cuneta, lo ejecutaron a sangre fría y le colocaron un azada y un AK-47 para que pareciese que había muerto en un enfrentamiento, sorprendido mientras enterraba una bomba en la carretera. Cinco de los marines han sido condenados a penas menores de entre uno y ocho años de prisión. Sólo el líder ha recibido quince años. Y Magincalda está ya en la calle porque no fue quien apretó el gatillo.






