
El tradicional encuentro del inquilino de la Casa Blanca con la prensa en vísperas de su descanso vacacional de agosto sirvió para abordar la turbulenta situación de uno de sus principales aliados en la lucha contra el terrorismo. Washington necesita que el presiente Musharraf, un militar que ascendió al poder en 1999 mediante un golpe de Estado, continúe el proceso electoral previsto para diciembre o enero como forma de legitimarse.
Bush admitió sin tapujos que «hemos estado hablando con él» sobre los rumores de que está siendo presionado por sus aliados políticos para saltarse ese proceso que no parece favorecerle, aprovechando la ola de protestas y atentados. «En la escena nacional me concentro en que tenga elecciones justas y libres, de eso hemos estado hablando con él, y tenemos esperanza de que lo haga».
El plural que usó incluía a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, que la noche antes llamó por teléfono a Musharraf para aclarar los rumores de estado de emergencia y quitarle de la cabeza esa tentación. El Departamento de Estado no ha querido comentar los detalles, por lo que sólo se sabe que la conversación duró 15 minutos.
Las presiones de Estados Unidos no se limitan al mantenimiento del calendario electoral. Washington quiere que Islamabad colabore más con Afganistán para golpear a los rebeldes talibanes en la frontera, así como a las fuerzas de Al-Qaida.
En los últimos meses estas coacciones se han vuelto militares, al producirse varias declaraciones de miembros del Gobierno estadounidense en las que se hablaba de intervenciones bélicas para combatir a Al-Qaida si Pakistán no se encargaba de ello eficientemente.
Calmar los ánimos
Bush calmó los ánimos al reafirmar su confianza en que Pervez Musharraf se encargará «de traerlos ante la justicia», en referencia a los líderes de la organización terrorista, entre los que se habla especialmente de su jefe supremo Osama bin Laden. «Le he dejado claro que espero cooperación plena al compartir fuentes de inteligencia y le he indicado que el pueblo estadounidense espera una acción rápida cuando haya informes de inteligencia sobre valiosos objetivos contra los que actuar dentro de su país», concluyó.
Inmediatamente después de esta conferencia de prensa el mandatario americano viajó a la finca familiar en la costa de Maine, a donde el sábado invitará a almorzar al presidente francés, Nicolas Sarkozy, que veranea a dos horas de Boston.






