
Lo ha hecho en una sorprendente entrevista con la cadena de televisión Al-Jasira. Se presentó impecablemente vestido, tal y como acostumbra, y con la imperturbable expresión de quien está acostumbrado a los focos y los flashes. A Seif al-Islam no le tembló la voz al reconocer que las cinco enfermeras búlgaras y el médico palestino, liberados el pasado 24 de julio después de que fueran acusados de haber inoculado el virus del sida a más de 400 niños en 1999, fueron maltratados en Libia.
«Sí, fueron torturados con electricidad y amenazados con que los miembros de sus familias se convertirían en objetivos. Pero gran parte de lo que afirma el doctor palestino son simples mentiras», reconoció el hijo de Gadafi. Los sanitarios, que pasaron ocho años en prisión en Libia por los hechos, habían denunciado que las autoridades les vejaron para extraer de ellos una confesión de culpabilidad.
Al llegar a Sofía, las enfermeras -pero especialmente el médico- revelaron a los medios de comunicación las torturas a las que habían sido sometidos, entre ellas violaciones, descargas eléctricas en los genitales y palizas. Pero Trípoli siempre ha negado esta versión, y sus tribunales absolvieron a los nueve policías y al doctor que habían sido acusados formalmente de ello.
Ahora, ante la insólita revelación de Seif al-Islam, muchos se preguntan cuánta manga ancha posee el hijo del Guía de la Revolución y por qué decide el régimen reconocer en este momento un hecho que sólo le puede acarrear críticas. Porque, evidentemente, Seif al-Islam puede ser crítico, pero no es el jefe de la oposición, y a nadie se le escapa que sus palabras forman parte de un estudiado plan para renovar la pertrecha imagen de Libia. Y una nueva Libia necesita un nuevo líder.
Relevo
Según apuntan tanto analistas como políticos, Gadafi prepara así a su vástago para que tome las riendas del país cuando él mismo ya no pueda hacerlo. Con porte de galán de cine -de hecho se le ha relacionado sentimentalmente con una estrella del celuloide israelí-, una privilegiada educación y maneras suaves, las diferencias entre Seif al- Islam y su padre difícilmente podrían ser mayores.
Atrás, venden ellos, ha quedado el país de la confrontación, aquél impregnado de ideología comunista. La nueva Libia empieza a moverse por los escenarios internacionales con la habilidad de un trapecista. Y el artífice de esa nueva actitud es, en gran parte, Seif.
La feliz resolución del caso de los sanitarios lo ha presentado ante la opinión pública internacional como un héroe de la negociación, un líder de acción. Laureles que ha compartido con el presidente francés Nicolás Sarkozy, que no ha desaprovechado la ocasión para asegurar a su país unos cuantos contratos millonarios.
«Todo el mundo ha querido jugar esta carta para barrer hacia su propia casa», señalaba esta semana el hijo de Gadafi en una entrevista con la revista 'Newsweek'. Seif reconocía que tanto Libia como la Unión Europea han llevado a cabo, con el caso de los sanitarios «un juego inmoral». Y en este juego Seif al- Islam ha nacido crupier.






