
De acuerdo a los datos divulgados ayer por 'The New York Times', estas potentes bombas iraníes con capacidad para penetrar el blindaje de vehículos todoterreno han sido utilizadas en un total de 99 atentados perpetrados durante el mes pasado contra convoyes militares de EE UU. Cifra que según recalcó el teniente general Raymond Odierno, no tiene precedentes para este tipo de artefactos especialmente letales al proyectar cargas de cobre semiderretido.
Las quejas de EE UU sobre el respaldo de Irán a la insurgencia chií se remontan , por lo menos, al año 2005, cuando Washington remitió una protesta diplomática privada a Teherán denunciando de que los Guardias Islámicos de la Revolución y elementos de Hezbolá estaban entrenado a militares iraquíes. Respaldo logístico que incluía estos denunciados artefactos explosivos que no pueden ser bloqueados electrónicamente al carecer de sensores infrarrojos pasivos.
Esta vinculación habría sido documentada por los servicios de inteligencia estadounidenses a partir de bombas que no han estallado, el interrogatorio de prisioneros chiíes en Irak, la entrada a territorio iraquí de camiones procedentes de Irán y los paralelismos existentes con las tácticas utilizadas recientemente por las fuerzas de Hezbolá en el sur de Líbano. Además también se habrían interceptado entre insurgentes iraquíes cohetes de 107 milímetros y morteros de 122 milímetros facilitados por Irán.
Voces criticas
Aunque sobre esta cuestión tampoco faltan voces críticas contra la Administración Bush que pongan en duda estas vinculaciones y que reprochen a la Casa Blanca la táctica de exagerar las injerencias de Irán y Siria para aminorar la atención sobre su falta de previsión tras el uso de la fuerza para derribar a Sadam Hussein. Aun así, las tropas estadounidenses realizaron ayer una importante operación en Bagdad contra redes de contrabando procedentes de Irán en la que habrían perecido una treintena de militantes chiíes. La ofensiva comenzó al amanecer, cuando las fuerzas conjuntas se dirigieron a una barriada de Ciudad Sadr para detener a presuntos rebeldes acusados de albergar a milicianos y armamento del país islámico.
«Sospechamos que los detenidos y los terroristas muertos en la ofensiva son miembros de una red de grupos especiales terroristas, conocidos por facilitar el transporte de armas y de explosivos antiblindados de Irán a Irak, así como de introducir a milicianos para su adiestramiento terrorista», recogía un comunicado del Pentágono.
El ataque coincidió con la visita del primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, a Teherán. Su segundo encuentro con las autoridades iraníes en menos de un año. Según explicó un asesor del jefe del Gobierno de Bagdad éste le pidió al vicepresidente iraní, Parviz Davoodi, con quien se entrevistó «una cooperación en seguridad real», mientras que Davoodi le respondió que «Teherán siempre ha puesto atención en proporcionar y mejorar la seguridad en Irak».
Mientras, las autoridades iraquíes adelantaron ayer la hora de entrada en vigor del toque de queda decretado en Bagdad y alrededores que prohíbe la circulación de vehículos y motocicletas, informaron fuentes del Interior. El toque de queda, que durará tres días, forma parte de las medidas de seguridad activadas para evitar ataques durante las celebraciones en las que miles de peregrinos chiíes conmemoran el aniversario de la muerte del séptimo imán, Musa al Kadem.






