
En esta ocasión, su osadía es casi mayor, pues se atreven a conjugar dos elementos absolutamente incompatibles como son el mundo de la gran gastronomía y las ratas o, dicho de otra forma, restaurante y comida con una invasión de roedores que, aunque simpáticos, no dejan de representar y ser lo que son. No se trata de adorables ratoncitos del estilo de 'Cenicienta', sino auténticas ratas dulcificadas. Superado el efecto, lo cierto es que la historia funciona gracias, básicamente, a la inteligencia del guión, a la impecable factura y a la variedad de recursos que brinda un restaurante de sofisticada comida francesa, que proporciona grandes espacios de ingenio y no pocos momentos de acción.
Sin embargo, su inusual duración, en esta ocasión, se hace notar sobrando ciertos momentos en los que el diálogo dispersa la diversión haciendo que el conjunto, en su fondo, resulte más adulto que infantil.






