
LOS DATOS
Se dirigieron en procesión a la ermita de la Santa Cruz y encendieron las candelas. Las últimas en consumirse fueron las de la Virgen y Jesucristo; y entonces acabó la mortandad. Ese día, 6 de agosto, los queleños decidieron fundar una cofradía de trece vecinos que conmemoraría, ya para siempre, la protección que recibieron ante la peste. «Y llevasen a la dicha ermita de Santa Cruz pan y queso y vino para dar caridad a cuantos niños se acercasen á dos veces á beber», dice la carta fundacional de esta fiesta.
Y ayer, siguiendo todos y cada uno de los pasos que marca esa carta, los queleños celebraron su fiesta del pan y el queso. A primera hora de la mañana salieron en procesión hacia la ermita y allí el párroco ofició una eucaristía, con la lectura de la carta fundacional de esta tradición. Los miembros de la cofradía se retiraron para compartir un almuerzo compuesto por pan, queso, vino y 'volao' -un dulce de azúcar que se moja en el vino-; y hacia las once y media de la mañana comenzó el lanzamiento de los primeros panes desde los balcones de la ermita.
Este año, el mayordomo era José Antonio Hernández, que se mostraba «contento y satisfecho y con una gran responsabilidad por cumplir con una promesa que realizaron los queleños hace 528 años». Hernández era el encargado este año de pagar las 2.200 tortas de pan y los 41 kilogramos de queso que se repartieron. El queso, de Roncal, «como también manda la tradición», apuntaba ayer el mayordomo.
Abajo, en la explanada, los queleños esperaban para recibir la caridad; y, como cada año, la cita se convertía en una constante pelea para conseguir los panes y el queso. Entre risas y empujones, todos los allí presentes lograron su ración y algunos, más de una y de dos. Algunos amontonaban los panes y el queso en una bolsa de plástico y otros dentro de la camiseta. Durante más de media hora, los doce cofrades y el abad lanzaron la caridad. Después, de nuevo la procesión y la quema de la rueda 'paniquesera' que ponía fin a la fiesta.
Ni el presidente regional, Pedro Sanz; ni la vicepresidenta, Aránzazu Vallejo; ni los alcaldes de municipios vecinos, como Arnedo, quisieron perderse esta fiesta, declarada de interés turístico regional. Sanz quiso hacer un paréntesis en su periodo vacacional para participar «en una fiesta tradicional riojana, con identidad, referencia y raíces» y que «une a la gente y busca la convivencia», valoró.






