
El director puede decir bien alto el refrán: «Cría cuervos y te sacarán los ojos». Ha creado a su imagen y semejanza a Lewis Hamilton durante diez años y, ahora, el niño le ha dejado tirado en la cuneta. Es el precio que se paga por haberle dado todo a un piloto en perjuicio de otros muchos.
Dolido por el egoísmo de un ídolo alimentado por él mismo, el jefe de la escudería británica salió ayer a la palestra para poner los
puntos sobre las «íes».
El inglés explota
Sin mencionarle, porque la presión de la prensa londinense genera una niebla impenetrable, el responsable de McLaren fue claro: «La presión está presente en el equipo, pero el modo de funcionamiento, basado en la igualdad entre pilotos, seguirá siendo el mismo. Y quien no lo quiera respetar deberá hacer una elección». Era una amenaza a su pupilo inglés.
El mensaje velado, con esa sutileza británica que lo dice todo sin
expresar una palabra directa, es el siguiente: o admite las normas o deberá irse. Su mentor ha visto cómo «el niño de la selva» se escapa de las reglas cuando vislumbra el título y no puede admitirlo. No debería sorprenderle, porque Lewis, en su infancia, vivió la ley del más fuerte. El hijo de Anthony fue un niño maltratado en el colegio. El más débil de la clase, objeto de burlas y golpes. Su padre le pagó clases de kárate para defenderse. Y le pagó el «kart» para hacer realidad su sueño de ser piloto. «El kárate me dio confianza». Creció en la ley de la selva y ahora que le interesa vuelve a los orígenes, pero desde el liderato.
Alonso ha dicho que él sí respetará las reglas. Medita cosas más importantes. Su adiós. Sabe que para Dennis será difícil echar a su protegido. Significaría reconocer un fracaso, aunque el niño
mimado se proclamara campeón. Fernando y sus ayudantes estudian la manera de romper el contrato firmado con McLaren hasta 2009. Tiene ensayada la frase que dirá cuando el título esté solventado: «O Hamilton o yo».
Tras el escándalo, los rumores han sido más rápidos que los bólidos. El asturiano se reunió con Briatore. Mientras tanto, Jean Todt, el jefe de Ferrari, negaba una oferta supermillonaria por Lewis. El jovencito (Tewin, 7-1-85) tiene a la F-1 revolucionada.







