
«No vienen a por chatarra, sino a por lo que vale un duro. Ahora buscan aleaciones, como el cromo, níquel... Se trata de ladrones ilustrados. Parece que les están dando cursillos en Deusto», comenta Espinosa.
Para moverse con mayor facilidad echan mano incluso de la maquinaria de carga de la propia empresa para trasladar palés con hasta 500 kilos de material hasta la entrada de la planta. A la hora de sacarlo al exterior se valen de bolsas de plástico, que las van arrojando al exterior, donde se inicia el cargamento de las furgonetas. «Roban con calma y trabajan en cadena».
Una de estas furgonetas fue precisamente la que levantó sospechas a uno de los empleados de Fumbarri cuando un domingo, a media mañana, pasaba por delante de la planta, ubicada en el periférico barrio durangués de San Roke, más transitado durante los fines de semana como zona de paso a los montes del entorno. La alarma de este empleado permitió a la Ertzaintza detener a los cacos, que fueron puestos en libertad nada más prestar declaración en comisaría. Una vez en la calle tomaron el mismo rumbo y pudieron acabar 'el trabajo' en la misma fundición. El azar quiso que a otro empleado de Fumbarri le llamara la atención el trasvase de grandes bolsas de plástico de una furgoneta a otra en las inmediaciones de una rotonda próxima a la planta y anotara las matrículas. La sorpresa fue aún mayor un día después, al comprobar que se trataba del mismo vehículo utilizado por la banda que estuvo retenida tres horas en las dependencias policiales. «Esta vez sí consiguieron rematar la faena. Parece mentira que a pesar de estar identificados salgan impunes», se queja el responsable de la fundición. «Cada vez que entran se llevan aleaciones por valor de entre 2 y 4 millones de pesetas. Antes, cuando venían a por chatarra las pérdidas eran muy inferiores».
«A partir de ahora no nos queda otro remedio que contratar los servicios de un guarda, porque de poco sirve el montón de dinero que algunas empresas de la comarca han gastado en la instalación de cámaras de vigilancia», se lamentan.








