El Congreso aprobó el texto con 221 votos a favor 189 en contra. Los republicanos se oponen frontalmente a esta normativa que califican de «puro veneno para la industria del gas y el petróleo» y advierten de que el presidente de EE UU, George W. Bush, la vetará. La Casa Blanca todavía no se ha pronunciado al respecto, aunque sí ha amenazado con rechazar la iniciativa si «no supone un intento serio de incrementar la seguridad energética del país» y si perjudica a la industria de combustibles fósiles.






