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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Más deporte

FÓRMULA 1
Una victoria en soledad
Hamilton rentabilizó el empujón de la FIA al colocarle en la 'pole' húngara, pero los mandamases de su equipo le dieron la espalda

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Una victoria en soledad
GESTO. Fernando Alonso, a la derecha, levanta el pulgar a su compañero de equipo, Lewis Hamilton, tras la conclusión de la carrera en el circuito de Hungaroring. / AP
La vivió como si fuera lo mejor que le ha ocurrido en la vida. Pero la tercera victoria de Hamilton en la F-1 quedará en su expediente marcada con un asterisco. Para eso, el deporte es muy suyo. Excluye del oropel a los parásitos, ya sean de vocación o circunstanciales. El inglés recibió un empujón de la FIA en forma de 'pole' que no había marcado en la calificación. Podía haberlo hecho, quizá, de no haber sido frenado en el 'pit-lane', tal como entendieron los comisarios. Pero la mejor vuelta dada en tiempo y forma a Hungaroring pertenecía a su compañero Fernando Alonso.

Los males del inglés no radicaban en el atajo oficial que se le habilitó. Tenían que ver con su desobediencia, merecedora de un consejo sumarísimo en McLaren. Con las dos broncas que tuvo con quien durante una década ha tratado de moldearle como un campeón en potencia. Si alguien ha sufrido este fin de semana, por encima incluso del sancionado Alonso, habrá sido un Ron Dennis que se ha percatado de que su producto tiene un defecto de fabricación. Se siente ya campeón e intocable cuando aún restan seis carreras. El creador tiene mucho que ver en ello.

Por eso fue antinatura lo vivido en Hungaroring. Porque ganó quien no debía. En un circuito que premia como ninguno -salvo Mónaco- a quien más arriesga en la calificación, recibir el regalo de una 'pole' es comparable a recibir el sello en el visado. Vía libre, sin trabas, ni esperas. Hamilton aportó su calidad, innegable, para aguantar la presión de Kimi Raikkonen. Por momentos, el ferrarista pareció con todo a favor para lanzar su dentellada en la estrategia. Pero coincidió la mayoría de equipos en limitar sus repostajes a dos, y el marcaje acabó haciéndolo McLaren a la casa transalpina, con la que mantiene causas pendientes.

Una carrera anodina, insípida, carente de emoción más allá de una salida impropia en la que Alonso perdió dos puestos. Buscó el interior en la primera curva y levantó el pie, sospechando que de seguir adelante se habría enganchado con Rosberg. De hecho, se tocó con Kubica, el primero que le tomó un puesto antes de que Webber se permitiera el lujo de superar con su Red Bull en el segundo giro al McLaren del campeón. Problemas. La reacción fue relativa. El ovetense puso al australiano en su sitio, pero para superar al polaco debió ampararse en los repostajes. También para quitarse de en medio a Ralf Schumacher, un pésimo compañero de viaje.

Por delante, Hamilton apretó los dientes y defendió sus rentas ante Raikkonen. En el primer 'stint' se centraron en torno a los tres segundos para ir paulatinamente bajando y quedarse en un segundo en la recta final del Gran Premio.

Aclarado el panorama tras desvelarse las estrategias -sólo fueron a tres paradas los BMW de Heidfeld y Kubica, el Williams de Rosberg y el Red Bull de Webber-, la incertidumbre se concentró en el acoso de Raikkonen a Hamilton y de Alonso a Heidfeld. En ambos casos imperó la cordura que proclama un circuito sin recovecos, carente de dobleces. O pasas al final de recta o acumulas más de cuatro kilómetros a la espera de otra oportunidad. No las hubo. A decir verdad, el finés y el español tampoco parecieron buscarlas, aunque el ferrarista -tiene estas cosas- marcara la vuelta rápida de la jornada en su último giro, el 70.

El resto ya ha quedado apuntado. Hamilton que se desgañita celebrando su triunfo mientras junto al parque cerrado sólo están su hermano Nick, su padre Anthony y un grupo de asistentes de McLaren. Ningún pez gordo. Nada de volatines entre la concurrencia. Hasta Raikkonen le dedicó un gesto de sorpresa cuando se sintió abrazado por el británico tras el pesaje. No era la persona más popular del día. Era el protagonista por imperativo legal.

Amplió en cinco puntos su ventaja respecto a Alonso, pero se dejó en el intento mucha de la credibilidad de la que ya gozaba. Porque el origen de tan polémico fin de semana, el embrión, llevó su huella genética. De haber obedecido las órdenes de equipo en la calificación del sábado, nada raro habría pasado. Ni atascos, ni sanciones. Esa es la única verdad. Incuestionable.
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