
LOS DATOS
Son pueblos que van a contracorriente, porque la tendencia general es otra. En el País Vasco, según los datos aún provisionales que maneja el Eustat, nacieron en 2006 un total de 19.914 bebés, la cifra más alta de los últimos veinte años. Un récord, explican los expertos, marcado por la llegada de inmigrantes y la bonanza económica, que anima a procrear.
Pero la Euskadi urbana y la rural mantienen caminos contrapuestos. De hecho, la mitad de esos casi 20.000 nuevos ciudadanos nacieron en las nueve localidades más pobladas: Bilbao, Barakaldo, Getxo, Basauri, Portugalete y Santurtzi en Vizcaya; San Sebastián e Irún en Guipúzcoa y Vitoria en Álava. El resto se lo disputan los otros 244 municipios de la comunidad autónoma. Y se debe aclarar que el Eustat no contabiliza el lugar de nacimiento en sí -habitualmente allí donde se ubican los hospitales-, «sino el municipio de residencia de la madre, lo que evita que la estadística se desvirtúe», explica el coordinador de estudios demográficos del organismo, Martín González.
El responsable desmenuza el fenómeno con naturalidad. «Es evidente que existen pueblos donde apenas nacen niños. Ocurren dos cosas -enumera-. De un lado, la gente joven emigra a las ciudades, lo que hace que en los pueblos apenas queden parejas en edad de procrear. Y, de otro, los que se quedan tienen menos hijos, uno o dos como mucho, en consonancia con la tendencia general. Ya no ocurre como antes, cuando existían grandes familias para el cuidado del campo», refleja. En Álava, Lagrán, Leza, Peñacerrada o Añana son algunas poblaciones que ilustran claramente esta tendencia, con menos de dos nacimientos cada año, incluso con ejercicios en blanco. En Vizcaya, Ereño, Izurtza, Ubidea o Gizaburuaga se enfrentan al mismo problema. En Guipúzcoa, los habitantes de Beizama, Zerain, Orendain o Altzaga también conocen de primera mano el fenómeno. En todos los casos, sus autoridades locales trabajan para corregirlo con «la construcción de nuevas viviendas, la atracción de actividades empresariales y el impulso de nuevos empleos», coinciden algunos de sus corporativos.
Amenaza «real»
¿Pueden llegar a desaparecer estos núcleos? Martín González cree que «sí» y dice que la amenaza es real «sobre todo en el interior de Álava». «El futuro en la Montaña y los Valles Alaveses -la mitad sur de la provincia, entre Vitoria y la Rioja Alavesa- es bastante negro. Existen núcleos con riesgo de desaparición, de despoblamiento, dado que los vecinos envejecen y no existe recambio. Hay sitios que se dejarán de habitar en apenas una década», explica.
Patxi Unanua, regidor durante doce años de Valdegovía, un extenso municipio alavés de 244 kilómetros cuadrados y 30 pequeños núcleos de población que suman un millar de habitantes, ratifica punto por punto la tesis del experto. «No es ninguna exageración. No es que puedan llegar a desaparecer pueblos, es que ya ha ocurrido», apunta. «En nuestro municipio se 'cerraron' en los años ochenta Villamardones y Ribera, en el parque de Valderejo. Y hay otros francamente en peligro: Acevedo, Valluerca... donde apenas hay un par de casas abiertas en invierno. Soy de los que piensa que esto sólo se soluciona con una verdadera apuesta por los pueblos, con trabajo, viviendas y nuevas tecnologías».
Si la Álava rural se rige por parámetros de despoblamiento «similares a los de Castilla-León y La Rioja», el caso de Vizcaya y Guipúzcoa es «diferente», afirma el experto del Eustat. «La densidad de población es más alta y los pequeños pueblos tienen por lo general una gran población cerca, una localidad de cabecera de la que pueden seguir siendo, al menos, 'pueblos-dormitorio' y pueden llegar a generar cierta inmigración de retorno». Además, el turismo rural y la nueva agricultura recuperan algunas zonas, lo que también es un freno frente al riesgo de desaparición.








