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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Política

constitución del gobierno de navarra
Los socialistas navarros ahondan una crisis que se prolonga una década
El PSN vive envuelto en conflictos desde los casos de corrupción de Urralburu y Otano
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Los socialistas navarros ahondan una crisis que se prolonga una década
CORRUPCIÓN. Antonio Aragón, consejero de Obras Públicas con el PSN, Urralburu y Roldán, en el banquillo de los acusados en 1998. / EFE
Lo ocurrido tras las elecciones del 27 de mayo supone un nuevo golpe para una formación que lleva once años sin enderezar el rumbo. De naufragio en naufragio. Sin saber qué orientación tomar y sin encontrar un capitán que la pilote. Los últimos en coger el timón han sido Carlos Chivite y Fernando Puras. Los dos al borde de la dimisión. Sucumbieron al motín de su militancia y acabaron por firmar un documento a favor de un pacto con Na-Bai e IU. Pero Ferraz detuvo la rebelión e impuso su voluntad: dejar gobernar en minoría a UPN. Las cabezas de Chivite y Puras penden de un hilo.

Los más críticos las piden a gritos. De forma pública y privada. «Alguien tendrá que pagar la factura de lo que ha ocurrido», afirman. La pregunta es cuándo. Los más airados las quieren de forma inmediata o convocar un comité regional para analizar la situación. Otros hablan de «responsabilidad», de esperar a las elecciones generales de 2008 y celebrar después un congreso para elegir a un nuevo líder. Vivir un año de 'impasse'. Nadie descarta nada. «Todos queremos seguir perteneciendo al PSOE, pero después de esto, no sé si merece la pena», sostiene un antiguo miembro de la dirección navarra. Un partido a punto de estallar por los aires. De nuevo.

Y es que la vida del PSN es corta, pero convulsa, y sobre ella siempre ha sobrevolado la 'cuestión vasca'. Su relación con Euskadi le ha marcado. Tanto que, hasta junio de 1982, la agrupación socialista de Navarra estuvo integrada en el PSE-PSOE con el mismo estatus que las de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Fue una época en que los socialistas de ambas comunidades hablaban sin tapujos de una posible unión de los cuatro territorios. Un pasado que desde el PP y UPN se recuerda convenientemente.

Sus primeros años fueron los mejores. Los del éxito. De la mano de Gabriel Urralburu, se hicieron con el poder entre 1983 y 1991. Su carismático líder les llevó a la cima. Y les empujó al precipicio. Primero perdieron las elecciones ante una UPN liderada entonces por Juan Cruz Alli. Pero lo peor estaba por venir. Comenzaron los escándalos. En 1994 se descubrió que Urralburu se había embolsado varios cientos de millones de pesetas en comisiones ilegales. Condenado por la Audiencia de Pamplona a 11 años de cárcel, el Supremo rebajó la pena a 4 años. A su sombra, Luis Roldán, corrupto confeso con amplias conexiones en la comunidad foral.

Regeneración interna

Se impuso la regeneración interna. Urralburu fue sustituido como secretario general por Javier Otano. No ganaron las elecciones, pero se conformó un tripartito con CDN -escisión de UPN liderada por Alli- y Eusko Alkartasuna. De nuevo llegaban al poder. Se hizo un órgano de cooperación con el País Vasco. Parecía que habían tocado fondo. Pero el pozo siempre es más profundo de lo que parece. En 1996 se descubrió que Otano tenía una cuenta en Suiza. «Todo esto ha marcado al PSN ante la ciudadanía navarra», recalca un miembro del PSOE.

Era demasiado. La ejecutiva se disolvió y se creó una comisión gestora para intentar hallar una solución. Dos sectores creyeron tenerla. «Uno de ellos -recuerda una de las personas implicadas en aquellas negociaciones- estaba compuesto por integrantes de las anteriores direcciones no vinculados a los casos de corrupción. Su líder era Lola Eguren. El otro, un movimiento regeneracionista dirigido por Juan José Lizarbe». Se fijó un congreso extraordinario para 1997.

A pesar de las heridas, la batalla fue encarnizada. Hubo denuncias de falsificaciones de firmas y problemas con Ferraz. El aparato del PSOE -por aquel entonces, el secretario general era Joaquín Almunia y el de Organización, Cipriá Ciscar- apostaban por Eguren, pero salió Lizarbe, un joven abogado procedente de la UGT. Su mandato se prolongó hasta 2004. No hubo corrupción, pero tampoco éxitos electorales.

De fondo, como casi siempre, las relaciones a mantener con Euskadi. Nadie habla de anexión, pero sí hay «dos formas de entender cómo se articulan las mayorías». O con UPN o con los nacionalistas vascos. «Y eso crea mucha tensión porque son dos opciones radicalmente incompatibles», resalta un veterano militante del PSN para el que estas «dudas» siempre han sido «muy bien aprovechadas» por UPN. «Es increíble que en diez años no hayamos sabido cerrar heridas y desmontar el mensaje de Sanz», apunta desmoralizado. A su juicio, la posible inclusión de Navarra en las conversaciones mantenidas por los socialistas vascos y Batasuna durante el proceso de paz tampoco ha ayudado.

«Sin mensaje»

Los conflictos internos continuaron con Lizarbe, incluidas sonoras polémicas con la dirección del PSOE, que en 1999 desautorizó las listas elaboradas para las elecciones autonómicas de ese año. Históricos como la propia Eguren o Víctor Manuel Arbeloa se distanciaron del partido. En las urnas se estancaron. «Hemos sufrido un escenario de fuerte polarización en el que UPN ha sabido agitar todos los miedos y Nafarroa Bai hacerse con el voto de mucha gente que estaba harta de este discurso apocalíptico. Nos hemos quedado en tierra de nadie y sin mensaje», se argumenta desde el PSN.

La falta de resultados provocó la caída de Lizarbe. «No dio la talla». En 2004 fue sustituido por el senador Carlos Chivite, «un cargo orgánico pero sin presencia social» al que sus críticos achacan demasiada afinidad a UPN. Se tuvo que elegir a un candidato a la Presidencia foral que contentase a la militancia y a Ferraz, y surgió Fernando Puras. Vuelta a empezar.
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