
Alonso considera que el Estado estaba en la obligación de intentar resolver el problema terrorista de forma «seria» y en el marco de la Constitución, pero señala que todo se rompió «de facto» con el atentado de la T-4. Según el ministro, la situación ha quedado «suficientemente clara» y, tras el fin del alto el fuego, no cabe «ningún escenario que no sea una respuesta dura de la Policía, la Guardia Civil o la Justicia» contra ETA. «Nos equivocaríamos mucho si alguien empezara a pensar otra vez en diálogos», asegura.
El máximo responsable de Defensa sostiene en una entrevista que «hubo una oportunidad y se evaluó», pero, «ante reivindicaciones atrabiliarias y sin sentido, se acabó». Ahora apuesta por trabajar sin melancolía, «fuerte y duro», aunque recuerda que el Estado nunca ha dejado de actuar. «No ha habido concesiones. Este Gobierno ha detenido a más de 300 etarras, algunos tan importantes como Mikel Antza, y ha desmantelado en dos ocasiones el aparato internacional de la banda», destaca.
Filtración a Rusia
La venta de informes secretos a Rusia por un agente doble ha sido otro de los asuntos que ha elevado a primera plana al ministro. Alonso defiende también en este caso la solvencia del CNI. Afirma que la reputación del centro «no» está en entredicho por lo ocurrido y certifica que, tras casi dos años de observaciones, la seguridad nacional «está confirmada». Reconoce, no obstante, que para garantizarla ha sido necesario «proteger a agentes» e introducir «cambios de procedimientos y protocolos».
Alonso revela que las investigaciones en el CNI comenzaron en 2005, cuando a raíz de distintos indicios «reservados» se localizaron «importantes» fugas de información causadas por uno de los funcionarios. «El propio centro detectó el problema y cerró todas las filtraciones. Después denunció el presunto delito ante los tribunales, que es lo que debe ocurrir en un país fuerte y maduro», subraya el ministro, quien avanza que será el director del organismo público quien dará cuenta de los pormenores en el Congreso.
El responsable de Defensa no es menos optimista al valorar la labor de los soldados españoles en Líbano y Afganistán. «Son zonas de riesgo donde hay que evitar el asentamiento del terrorismo internacional», justifica. «Por ellos y por nuestro propio bien», aduce.






