Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Más Actualidad

ARTÍCULOS
Huidas
05.08.07 -
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Por necesidad, programo en agosto un viaje que lejos me traslade a un fin del mundo que a veces dista escasos kilómetros de casa y otras varios miles. En la maleta apilo toda la ropa que acumuló polvo de olvido durante meses. Camisetas de tirantes finos y vestidos ligeros estampados. Calzado cómodo, cremas solares y lecturas pendientes. Introduzco cada objeto y prenda como si se tratara de ofrendas para un ritual religioso.

Esa maleta llena contiene mil promesas e idéntico número de compromisos para invocar al placer y el disfrute. Sonrío al verla porque significa que acaricio el deseo imaginado desde el invierno. Ese sueño realizado sugiere infinitas posibilidades de ocupar y perder el tiempo. Un espacio vedado a lo corriente. Días para llenar de recuerdos y lugares lejanos, conversaciones con gente que conoceré y desaparecerá sin dejar apenas rastro en mi vida.

El verano es, sin embargo, un paréntesis con fecha de caducidad. Un hechizo que pierde vigencia cuando el calendario trasparenta septiembre. Un periodo cíclico y efímero que de un día para otro nos espanta y arroja de esa rutina que saca o dota de contexto y sentido a la personalidad y el quehacer. También es un intervalo de tiempo fechado que favorece el rencuentro con la conciencia propia. Una mirada sostenida al espejo que refleja el cauce y el balance de ganancias y pérdidas resultado del año. Período de convalecencia y cura.

Pienso que idealizamos cada verano porque es una pausa que nos permite variar perspectiva, poner tierra de por medio entre lo que somos y lo que en realidad ansiamos ser. Para ello nos embarcamos estos días en viajes que comienzan siendo huida pero que finalizan por costumbre en rencuentro. Y es que huir de nuestros deberes e identidad no es posible aunque lo pretendamos con intermitencia y a ratos; uno es quien es a pesar de que se rodee de gente distinta y recorra en globo la vuelta al mundo, se vista de harapos o seda, vaya o esté.
Vocento
SarenetRSS