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Economía

ECONOMÍA
La reforma del vino revolucionará el sector para igualar oferta y demanda
La actividad se enfrenta en Europa a un preocupante futuro marcado por el descenso del consumo Por primera vez, los países defienden vías diferentes
05.08.07 -
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La reforma del vino revolucionará el sector para igualar oferta y demanda
MODERNIZACIÓN. Máquina vendimiadora, en la localidad de Baños de Ebro (Rioja Alavesa), durante la campaña de 2005. / BLANCA CASTILLO
No por esperada ha resultado ser menos controvertida: la reforma del mercado del vino, con sus anunciados arranques masivos de viñedo y la total reorientación de las ayudas que el sector recibe de Bruselas, ha provocado sacudidas de onda larga en las regiones vitivinícolas, que han alcanzado de lleno a las Administraciones nacionales, responsables de defender sus derechos ante las instituciones comunitarias. La última reunión del Consejo de ministros de Agricultura de julio, en la que la propuesta de la Comisión fue abordada por primera vez, vio elevarse un coro de protestas, aunque por primera vez ligeramente disonantes: mientras Francia y Alemania ponían directamente el grito en el cielo, Italia y España modulaban sus posiciones, dando a entender que el debate, los próximos meses, va a ser más sutil de lo previsto.

¿Pues qué es lo que está pasando con el vino europeo? ¿Acaso la anterior reforma del mercado, que data tan sólo de 1999, ha sido tan ineficaz que hay que pensar en algo nuevo? Tal parece que sí. La Comisión europea se ha cargado de argumentos para proponer cambios en un estado de cosas que, como los propios interesados reconocen, no puede seguir así.

Vino para tirar

Porque en Europa se está produciendo vino sólo para tirarlo. O casi. Y porque pagan los contribuyentes. Hay tal cantidad de viñedo en la UE, y de calidad frecuentemente tan mediocre, que no pocos productores dan rienda suelta a la prensa única y exclusivamente porque Bruselas financia: por reestructuración, por almacenamiento y por destilación para alcohol cuando el producto no se vende.

Cifras barajadas con discreción por la Comisión europea, a las que este periódico ha tenido acceso, muestran con total claridad que España es, desde 2001, el socio comunitario que más vino destila para producir alcohol, en vista de que algunas de sus elaboraciones no encuentran mercado. Hasta ese año, Francia e Italia, los dos principales productores mundiales de vino, recurrían a este mecanismo (son varios los tipos de destilaciones financiadas por la UE, como las destinadas a alcohol de boca, de crisis, de subproductos y de uva de doble clasificación) para dar salida a excedentes, o para atender a mercados de difícil justificación en los tiempos que corren, como el de los brandys. Se trata de cantidades muy importantes: entre 2001 y 2006, España ha enviado a destilación 64 millones de hectolitros, casi un cuarto (el 23,4%) de su producción media anual 2002-2006. Las cifras correspondientes a Francia e Italia en ese mismo periodo son 26 y 23 millones, respectivamente.

Destilación en España

En los últimos siete años, España ha sido el origen del 60% del total de vino destinado a destilación de alcohol para consumo humano en la Europa comunitaria, seguida de Italia (28%), Francia (6%) y Portugal (4%). A estas medidas, la Unión Europea destinó en la campaña 2004/2005 un total de 424 millones de los aproximadamente 1.300 que esta organización común de mercado (OCM) tiene asignados.

Y si a esta cifra se le añade que la UE destina otros 200 millones a la incentivación de la producción de mostos en los países del sur, como contrapartida a las ayudas que recibe la producción de remolacha en los del norte para la denominada 'chaptalización' (el aumento de gradación alcohólica mediante la adición directa de azúcar), se llega fácilmente a comprender la expresión de la comisaria Mariann Fischer-Boel cuando el día 5 presentaba su propuesta: «Tiene que haber maneras más útiles de gastar 500 millones de euros cada año».

El mercado europeo del vino adolece de graves deficiencias. Los expertos dan cuenta de que el consumo en la UE baja cada año un promedio de 750.000 hectolitros, mientras las importaciones aumentan, las exportaciones crecen, aunque menos, y la producción total comunitaria se encuentra estabilizada entre los 166 y los 196 millones de hectolitros. El resultado final es un excedente estructural de 15 millones de hectolitros, que podrían ser 20 a la vuelta de tres años, aunque se destinen 600 millones de euros anuales a destilaciones.

La reforma de la OCM de 1999 buscaba un reequilibrio entre oferta y demanda que no se ha producido. Ha fallado la presunción de que el viticultor cuyo vino no sirviera más que para la destilación terminaría abandonando la producción, porque los precios que se ofrecen en ella son bajos. Pero no ha sido así, y las superficies de viñedo en los tres principales países productores han experimentado escasos cambios desde que la actual OCM está en vigor.

Para que las cifras no se le fueran de las manos, la Comisión propuso -y los Estados miembros aceptaron- limitar los derechos de plantación. La medida ha producido resultados indeseados, ya que se han cercenado posibilidades naturales de expansión en regiones con producciones de venta fácil, mientras que el mecanismo de destilación ha permitido mantener activas producciones para las que no hay mercado. Y están finalmente los precios, cuya evolución es manifiestamente a la baja, especialmente desde la campaña 2003/04. Se trata de una situación imposible, que necesita respuestas urgentes.
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