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Cultura

CRÍTICA DE CINE
Oliveira revisita a Buñuel
05.08.07 -
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Oliveira revisita a Buñuel
AUTOR. De Oliveira, entre Bulle Ogier y Michel Piccoli.
Te vi/se rompieron nuestras soledades/se alborotó el instinto/y tu pena y mi pena/se suicidaron juntas/la tarde de nuestro encuentro». Es poco probable que Manoel de Oliveira haya leído a la hoy olvidada Gloria Fuertes, pero el 'breve encuentro' que relata en 'Belle toujours' parece contagiado de la magia de una eminente poetisa a la que formar en televisión a los niños borró de las enciclopedias. Michel Piccoli se reencuentra con la Sévérine de 'Belle de Jour' cuarenta años después. Ya no es Catherine Deneuve sino Bulle Ogier. Tampoco importa demasiado para el juego que el veterano director portugués se trae entre manos.

El espíritu transgresor, ácrata y perverso del clásico de Buñuel planea sobre cada fotograma de un divertimento fiel al particular tempo del autor de 'El valle Abraham': si es necesario escuchar una pieza de Dvorak, la escuchamos enterita; una cena de dos platos y postre en tiempo real sin pronunciar una palabra pondrá a prueba la paciencia del espectador no avisado.

Han pasado cuatro décadas y el personaje de Piccoli sigue fascinado por aquella burguesa que combatía su frigidez matrimonial prostituyéndose. Ahora él es un borracho con clase; ella una dama esquiva y atormentada por su pasado, que le sigue el juego espoleada por la nostalgia hasta que se arrepiente. El grueso del filme transcurre durante una espectral cena con el regusto teatral y parsimonioso del mejor Oliveira. A los postres, en una pirueta y un guiño al maestro de Calanda, hasta surge la misteriosa cajita regalo del oriental. Y sí, el zumbido de mosca sigue ahí.
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