
Apuntan a que todo comenzó hace poco más de un año, cuando dos vecinos soltaron una treintena de conejos, que se reprodujeron con facilidad en una parte de la ladera de La Ola. Poco más tarde, comenzaron allí las obras de urbanización, lo que provocó que estos animales se trasladasen a otro lugar. «Salían a todo correr cuando las excavadoras removían la tierra. Eran muchísimos», relata Rosi, que reside en la zona. Incluso los propietarios de huertas notaron los daños que causaban en sus cosechas. Pero lo peor estaba por llegar, porque detrás vinieron los raposos.
Los residentes del camino de Aresti dicen que los zorros, «cuando han acabado con los conejos, han empezado con nuestros gatos y animales domésticos», protesta Rosi, cuya mascota apareció recientemente con diversas heridas a causa del ataque de otro animal. «Lo peor de todo es que ya nuestras mascotas no quieren salir de casa», continúa Rosi, que no oculta su miedo a que pueda suceder algo peor. Son muchos los habitantes de Sondika que cuentan haber visto, en las últimas semanas, a los raposos merodear por los alrededores de la localidad.
Túneles de Artxanda
Otros apuntan que el segundo factor que ha precipitado la presencia de estos animales son unas obras de urbanización en la ladera donde se construirán chalés. «Esto nunca había sucedido», denuncia perpleja Idoia. Algunos afectados dicen que «con las construcciones han ido acorralando a los raposos hasta que no les ha quedado más remedio que bajar al pueblo».
Desde la Policía Municipal de Sondika justifican que «zorros ha habido toda la vida». Reconocen que hace un par de años sí hubo «abundancia, aunque ahora no nos consta que sean un peligro». La guardia urbana no asocia la presencia de estos animales con los conejos, aunque admite que sí ha habido personas soprendidas al ver tantos roedores.








