
Si Ballesteros ha estado alguna vez deprimido, lo disimula muy bien. Al muelle de las golondrinas, que es donde atracan los veleros de la 'Breitling MedCup', llegó exultante, bronceado y con el ánimo tan arriba como el cuello de su polo azul celeste. Posó con el hermano de Banderas, saludó al Príncipe, recibió un cariñoso abrazo del Rey, y hasta levantó a pulso la bici de montaña de la campeona Marga Fullana para demostrar que, aunque retirado, sigue en plena forma. «A ver si me echo una novia por aquí, que no me vendría nada mal», comentó sin disimulo el golfista. Así que aviso a navegantas... Seve, a sus 50, anda suelto. Muy suelto.
Pero no creo que Ballesteros y su poderoso brazo -tatuado con la silueta de un golfista, porque lo de este hombre es obsesión- duren mucho en el 'mercado' sentimental. Separado de Carmen Botín, con la que tiene tres hijos, Seve tuvo la desgracia de perder a su novia, Fátima Galarza, de 29 años, en un accidente de tráfico a mediados del pasado mes de marzo. Luego anunció que se retiraba y aquello dio pie a todo tipo de conjeturas; que si estaba hundido, que si recibía tratamiento psiquiátrico... Hasta que ayer reapareció en Palma, hecho un lobo de mar y dispuesto a cambiar el 'green' por el 'blue'.
«Yo de tonterías no hablo -dijo al escuchar la palabra depresión-. Me he retirado porque he perdido la motivación. Estaba cansado de aeropuertos, aviones y hoteles. Y Estados Unidos, para mí, cada vez está más lejos. Llevo trabajando toda mi vida y ahora quiero disfrutar de mis hijos, tenerlos cerca, educarles y ayudarles a ser buenas personas».
Buenas personas. Eso es lo que les pidió la infanta Elena a los fotógrafos; que fueran buenos y le dejaran un poco de espacio. Y es que los de las cámaras se alegraron tanto de verla ayer en el muelle que estaban dispuestos a seguirla allá donde fuera, incluso al lavabo. Doña Elena fue la única tripulante femenina del 'Siemens'. Llegó con su larga trenza habitual y el uniforme reglamentario. Luego, ya en alta mar, aquello era 'Lo que el viento se llevó' y la infanta perdió la gorra. ¿Pero quién estaba allí para recogerla del agua? Pues los de las cámaras, que son unos buenazos...








