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La llama del dragón
China anuncia un aumento del presupuesto militar en el 80 aniversario del Ejército, entre críticas de EE UU
04.08.07 -
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La llama del dragón
Soldados del Ejército chino desfilan por Taiyuan, capital de la provincia norteña de Shanxi. / AP
Bajo una gran estrella roja que presidía el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, el régimen comunista chino desempolvó sus mejores galas de antaño y las sacó a relucir con motivo de una ocasión muy especial: el 80º aniversario de la fundación del Ejército Popular de Liberación. Aunque la nueva China del crecimiento económico se ha entregado en brazos del capitalismo más salvaje, el Partido Comunista sigue ostentando el poder y, en ocasiones, sus máximos responsables -la mayoría empresarios y hombres de negocios- deben hacer concesiones a uno de sus principales soportes: los militares.

Por ese motivo, el presidente Hu Jintao anunció ante cientos de generales que incrementará «gradualmente el presupuesto de la defensa nacional a medida que crezca la economía, y continuaremos modernizando las Fuerzas Armadas para que sirvan a los intereses nacionales y al desarrollo».

Unas intenciones que no habrán sentado demasiado bien en Estados Unidos, que ya criticó a China en marzo pasado por elevar sus gastos militares un 17,8% hasta rozar los 33.000 millones de euros. Esa es, al menos, la cifra oficial, pues Washington sospecha que el presupuesto militar del coloso oriental podría ser el doble.

Haciendo oídos sordos a dichas críticas, Pekín lució músculo y aprovechó la oportunidad para transmitir una estudiada imagen de unidad poco antes de que el Partido Comunista de China celebre en otoño su trascendental XVII Congreso. En dicha reunión está previsto que se dé a conocer el nombre del sucesor de Hu Jintao, quien abandonará en 2012 la secretaría general del partido y la presidencia del país tras dos mandatos de cinco años.

Imagen de unidad

Para evitar, al menos de cara a la galería, la inestabilidad interna que cada uno de estos congresos suele provocar en el partido, donde conviven diferentes corrientes más o menos aperturistas y conservadoras, el régimen reunió a un elenco de personalidades bastante inusual.

Para empezar, el anterior presidente chino, Jiang Zemin, estaba sentado entre Hu Jintao y el máximo responsable del Parlamento, Wu Bangguo, que ocupa el 'número dos' en el escalafón del régimen. Junto a Jiang Zemin, que dejó sus cargos entre 2002 y 2003 pero mantuvo el control de la Comisión Militar Central hasta 2005, reaparecieron en público dos ex primeros ministros como Zhu Rongji y Li Peng, famoso este último por ordenar la matanza de los estudiantes que se manifestaron exigiendo reformas democráticas en la plaza de Tiananmen en 1989.

Con su presencia en el abarrotado Gran Palacio del Pueblo, donde los soldados lucieron sus nuevos uniformes, el Partido Comunista legitima sus actuaciones del pasado para seguir manteniendo el control del Ejército, uno de los más numerosos del mundo al contar con 2,3 millones de militares.

«El liderazgo absoluto del Partido sobre las Fuerzas Armadas significa que el Ejército Popular de Liberación debe seguir la bandera y la voluntad del partido», advirtió Hu Jintao, quien ha acuñado el término de «sociedad armoniosa» para acabar con las enormes desigualdades sociales que ha generado el crecimiento económico de la 'fábrica global'.

Además de tranquilizar a los sectores más conservadores de China, que contemplan atónitos la penetración del capitalismo y el culto al dinero en el país, el presidente del 'dragón rojo' también envió un mensaje conciliador al resto del mundo en su discurso televisado.

En este sentido, todos los medios, como el periódico oficial 'China Daily', han insistido estos días en que «a medida que el Ejército se abra al mundo, más y más gente se convencerá de su compromiso por la paz». Para reforzar esta idea, Pekín ha recordado que 1.500 cascos azules chinos velan por la estabilidad de numerosos países, principalmente en África.
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