
Vueling, que tiene la sede en Barcelona y opera vuelos regulares entre las principales ciudades españolas -Bilbao incluida- y varios destinos europeos, consiguió un importante crecimiento en ventas en el primer semestre. Los ingresos ascendieron a 149 millones, lo que supone un incremento del 57%. El número de pasajeros transportados aumentó un 78% hasta los 2,5 millones.
El problema es que esta clientela se logró con el 'gancho' de unas tarifas muy reducidas, que van a mantenerse a la baja debido a la presión de sus rivales. La aerolínea señala en una nota que «la mayor fuente de competencia viene de compañías de perfil tradicional -Iberia y su filial Clickair, Spanair, Air France o Alitalia- y menos de las de bajo coste 'puras' como Easyjet o Ryanair».
Ante este entorno competitivo y la persistente escalada del petróleo, Vueling no ha tenido más remedio que revisar a la baja sus pronósticos de ingresos para el año. Ahora prevé una facturación de entre 370 y 387 millones de euros frente a la horquilla de 400 a 425 estimada inicialmente. También ha retrasado sus planes de compra de aviones, con lo que terminará 2007 con 24 aparatos.
La Bolsa ha castigado con dureza a la aerolínea, que acumula una caída del 47% desde su irrupción en el parqué. Sus principales accionistas son el grupo Planeta y Atalaya, el vehículo inversor de las cajas de ahorro. El fondo de capital riesgo Apax, muy oportuno, abandonó el capital en junio.






