Y es que la amenaza de estas aves es constante. «Es un calvario, porque siempre hay vacas para parir y los buitres están permanentemente al acecho», se queja el propietario afectado. Tiene aproximadamente 120 cabezas de ganado, y espera que hoy mismo otra de sus vacas dé a luz. Su esperanza reside en que el parto le sobrevenga por la noche, cuando las rapaces duermen.
El pasado lunes, Iglesias pensó que había salvado la situación, ya que el ternero nació poco antes del amanecer. Para cuando las primeras sombras de los buitres sobrevolaron el valle, la madre ya había lamido la sangre de su cría, y ambas parecían encontrarse a salvo. «Incluso ya se había amamantado», asegura el ganadero. Pero con el sol del mediodía, todavía debilitado, el recién nacido se amodorró. Su madre se encontraba expulsando la placenta, lo que impregnó el aire con el olor de la sangre, actuando como una llamada a las rapaces.
«Sólo dejaron los huesos», lamenta su dueño. En cuestión de minutos, una treintena de buitres había acabado con el ternero. Los carroñeros siguieron sobrevolando la zona, asustando a los ganaderos con su presencia.
Tal fue el caso de Ascensión López. Esta vecina de Medianas de Mena avistó a los carroñeros desde su casa tras recibir la llamada de un vecino alertándole de la presencia de las aves. Inmediatamente después, salió a vigilar a sus propios animales. «Pensamos que algo habría pasado para que hubiera tantos buitres», admite.
«Mucho peligro»
En esta ocasión, las vacas de Asunción salieron indemnes. Sin embargo, la suerte no siempre le ha acompañado, ya que los buitres han acabado con dos de sus animales. El primero murió en mayo y el segundo hace un mes. «Después de dar a luz, hay unas dos horas en que la vaca no puede defenderse, y corre mucho peligro», afirma.
Aunque la Diputación no tomará una decisión sobre la reapertura del muladar hasta final de mes, la diputada de Agricultura, Irene Pardo, anunció el martes que intentarán compatibilizar la gestión de las colonias de buitres con la actividad ganadera en Carranza, limítrofe con el Valle de Mena.








