
Los batiscafos 'Mir-1' y 'Mir- 2' se hicieron famosos en 1995 porque fueron fletados por el director James Cameron para el rodaje de 'Titanic'. Más tarde, intentaron rescatar a los 118 tripulantes del submarino nuclear ruso 'Kursk', hundido en el Ártico en agosto de 2000, una tarea fallida. Pero ayer sí lograron su propósito. El 'Mir-1' tocó fondo a las ocho de la mañana, después de tres horas de inmersión. Dentro iba el piloto con Artur Chilingárov, vicepresidente de la Duma y especialista en expediciones árticas, y un diputado. Así describió Chilingárov el momento: «Nos posamos suavemente. El suelo es de color amarillento y no se ven habitantes de las profundidades marinas».
Media hora más tarde, el 'Mir-2' se posaba cerca. Con el piloto viajaban un científico australiano y un millonario sueco que pagó dos millones de euros por el viaje. Los batiscafos permanecieron allí hora y media tomando pruebas del lecho marino y del agua y realizando mediciones geomagnéticas y geofísicas. Después subieron a la superficie, donde les esperaba su barco nodriza; una operación de riesgo, ya que hay que evitar el choque con los icebergs.
En próximas inmersiones seguirán buscando pruebas de que la cordillera submarina Lomonósov es continuación de la plataforma continental de Siberia -y por tanto suya-; 1,2 millones de kilómetros cuadrados que se cree que albergan la cuarta parte de las reservas mundiales de hidrocarburos. También intentarán hablar por teléfono desde allá abajo con la Estación Espacial Internacional, allá arriba, a 350 kilómetros de altura.






