Italia es uno de los mejores lugares del mundo donde encontrar una excusa para ir por trabajo. Para qué les voy a contar. Es lo que hizo en el verano de 1953 John Houston, que eligió uno de los pueblos más preciosos, Ravello. Ya lo había hecho Bocaccio, o Wagner para componer 'Parsifal'. En la costa de Amalfi, Ravello acurruca sus casitas blancas entre el mar y los acantilados. Houston se fue para allá con su amigo Humphrey Bogart y Truman Capote, que escribía el guión por las noches, mientras jugaban al póker y se bebían el bar. No se rodaba hasta mediodía. Una noche se despeñaron con el coche y Bogart se partió la cara. La película se paró hasta que enviaron una dentadura.
Con este panorama, es normal que saliera la película que salió. 'Beat the devil' ('La burla del diablo') es una delicia. Transpira libertad e improvisación, tiene giros raros, una coña permanente y diálogos sublimes. Es imperfecta, irreflexiva, soleada, frívola, aventurera. Peter Lorre y Jennifer Jones están teñidos de rubio. Se toman aperitivos en terrazas. Champán en el coche. Los personajes esperan un barco que no zarpa porque el capitán sigue borracho. «Necesito vivir con mucho dinero, el médico me lo ha recetado, si no me deprimo y se me pone la piel fatal», dice Bogart. Se nota que todos querrían haberse quedado a vivir en Ravello.