
Los vecinos de Fuensalida se echaron ayer a la calle para manifestar su indignación, reclamar «justicia» y para mostrar su repulsa a la violencia machista que se cobró el martes en este pequeño pueblo toledano su víctima número 47 en el conjunto de España en lo que va de año. De todas ellas, casi un tercio había denunciado con anterioridad a su agresor, como Jessica, pero de nada sirvió.
El subdelegado del Gobierno en Toledo, Francisco Javier Corrochano, se enfrentó ayer a la difícil papeleta de explicar lo que los vecinos creen inexplicable. «La mujer presentó una denuncia y se inició la búsqueda del hombre. No se le localizó porque no estaba en el pueblo. Se dio orden a otras patrullas, pero tampoco le localizaron», argumentó ayer. El representante del Gobierno central en la provincia negó de forma categórica que lo ocurrido responda a un fallo del sistema. «El protocolo se siguió correctamente. Lo que falla -apuntó- son las neuronas de una persona que en un momento determinado deja de serlo y se convierte en un agresor sin sentimientos», zanjó, antes de apuntar que «quizá sea una mera casualidad» que la agresión se produjera el mismo día en que Jessica decidió denunciar a su marido.
El portavoz del Gobierno en Castilla-La Mancha, Fernando Lamata, sí tuvo palabras de autocrítica. «Cada vez que muere una mujer víctima de maltrato, está fallando el conjunto de la sociedad», dijo. El Gobierno regional, anunció, se personará como acusación en el procedimiento penal contra Antonio Manuel, que se entregó a la Guardia Civil tras cometer el crimen. Previsiblemente, el arrestado pasará hoy a disposición judicial tras haber prestado declaración ante los agentes del instituto armado.
«Broncas diarias»
La muerte de Jessica María llenó de indignación a los vecinos de Fuensalida, un pueblo a 35 kilómetros de la capital donde eran «conocidas» las desavenencias de la pareja, que precisamente se habían instalado en la localidad con la intención de reconducir su matrimonio. «Las broncas eran diarias», admitió Javier Marín, uno de los residentes. «Aunque nunca les había visto llegar a las manos». Jessica María, de 26 años, será enterrada hoy en un cementerio de Madrid, mientras sus hijos quedaron ayer bajo custodia familiar.








