
Ibarretxe y su esposa fueron recibidos por el alcalde de Azpeitia, Iñaki Errazkin, y el resto de la corporación municipal, antes de partir en una breve procesión de autoridades hacia el Santuario de Loiola. El jefe del Ejecutivo declinó realizar cualquier declaración a los periodistas, no así el primer edil, de ANV, quien manifestó que había «aprovechado» este acto para entregar a Ibarretxe un ejemplar de la «propuesta de marco democrático» de Batasuna con el fin de «demostrar» que la izquierda abertzale tiene «la mano tendida» para alcanzar «un acuerdo político que solucione de una vez por todas el conflicto que vive este país».
En respuesta al alcalde, fuentes del Ejecutivo vasco señalaron que «la mejor manera de aplicar los acuerdos democráticos» y de «demostrar» que Errazkin «tiene voluntad» está precisamente «en este ayuntamiento». Tras las últimas elecciones, ANV desbancó de la alcaldía y del gobierno municipal de Azpeitia al PNV tras conseguir un polémico apoyo de EA y Aralar.
La comitiva del lehendakari accedió al Santuario flanqueada por varias decenas de personas convocadas por Etxerat, el colectivo de familiares de presos de ETA. Los concentrados, que portaban carteles y fotos de los reclusos, exigieron a Ibarretxe «iniciativas políticas» que pongan fin a la dispersión pues, de lo contrario, estaría «entregando un cheque en blanco» a los gobiernos español y francés para su mantenimiento.






