
Después del duro trabajo realizado en Covaleda, confeccionado para mejorar la capacidad física, atlética y aeróbica de la plantilla, ahora llegan los tiempos del balón y la pizarra. Se busca el once ideal, armar un proyecto con argumentos, que será esculpido por un Caparrós «confiado» en las posibilidades de sus hombres. El técnico andaluz ya dejó entrever el martes en el triangular de Lasesarre algunas de las consignas que ya ha transmitido al equipo: armazón ordenado atrás y mantener la posesión del balón. Nada de pelotazos en busca de un rebote afortunado. Ahora se trata de consolidar lo aprendido para definir con claridad el 'estilo Caparrós' de cara a la próxima campaña.
La pretemporada en Holanda destila un claro sabor técnico y táctico que servirá al preparador utrerano para limar aquellos aspectos del juego que menos casan con su visión pragmática del fútbol. Caparrós es un técnico visceral, nada ecléctico y todo pasión, que cabalga al límite para alcanzar el éxito. Para ello, el Athletic trabajará en el compleo deportivo de Papendal en sesiones de mañana y tarde -ayer la primera plantilla se entrenó en Lezama antes de coger el avión- y disputará cinco partidos amistosos contra rivales a priori de poco cartel. Todos, excepto el último, el Vitesse, conjunto holandés de Primera División con el que los rojiblancos cerrarán su 'tour' por la tierra de los tulipanes. Serán cinco pruebas para una plantilla en la que, hoy por hoy, nadie tiene un puesto asegurado.
Después del partido de esta tarde (19 horas), el Athletic se enfrentará el próximo sábado al WKE Emmen, campeón de la Tercera División holandesa, para encadenar la semana que viene -martes y miércoles- dos encuentros seguidos contra el Avanti Glanerburg, un conjunto de la Cuarta División de Holanda, y el Babberich, que milita en la tercera categoría de este país. La prueba más exigente llegará en forma de un Primera, el Vitesse, que la temporada pasada concluyó la Liga en el duodécimo lugar.
Entre medias, mucha estrategia y labor de pizarra en los campos de entrenamiento del National Sport Centrum de Papendal, un perfecto remanso de paz para sacar el máximo partido al 'stage' rojiblanco. Tras los doce días de preparación específica, Joaquín Caparrós manejará todas las claves necesarias para construir un bloque que, con los fichajes realizados hasta la fecha, deberá aspirar a algo más que la permanencia. La historia más reciente no debe repetirse.
LA CONFIANZA
Será uno de los aspectos fundamentales en los que tendrá que trabajar Caparrós. El Athletic, durante la pasada Liga, dio la sensación de endeblez perentoria, de ser un equipo descreído, desposeído de su escudo protector en forma de fe, que se hundía con el primer gol encajado. La plantilla, con un cuadro de nerviosismo provocado por las urgencias y coqueteando con el descenso, estaba agarrotada por su situación clasificatoria. Los fríos dedos de Segunda acariciaban la melena de unos 'leones' que, sumidos en una profunda tristeza de juego y resultados, no lograban despegarse hasta la última jornada del pelotón de los condenados -Real Sociedad, Nástic y Celta-.
Los rojiblancos vivían el fútbol con pesar, como un vía crucis interminable que minaba su moral y la capacidad de respuesta en cuanto algo se torcía. Es por eso por lo que Caparrós y su equipo técnico tendrán que habilitar el 'diván' de la psicología futbolística para devolver la fe a un conjunto que tratará de cicatrizar sus heridas en Papendal y volver a Bilbao con pilas cargadas de confianza y listas para estallar al comienzo de la Liga. «El Athletic siempre ha sabido competir, ese ha sido su sello a lo largo de la historia, y lo tenemos que recuperar», repite el técnico de Utrera.
SANGRÍA DE GOLES
La zaga fue el caballo de Troya de un Athletic vulnerable y esponjoso a lo largo de la última Liga. «Quiero una defensa que trabaje». Ha sido uno de los 'recaditos' que el nuevo timonel de la nave rojiblanca ha remitido a los hombres como Iraola, Casas, Expósito, Amorebieta y Prieto, presumibles 'muros' de un proyecto encaminado a cortar la hemorragia de goles que desguazó al grupo en la campaña 2006-2007.
En este sentido, los cinco amistosos que disputarán los 'leones' en Holanda serán una buena 'terapia curativa' encaminada a mantener la portería a cero durante el mayor número de minutos posible -en Lasesarre ya se pudo comprobar en los partidos ante el Sestao y el Barakaldo que los futbolistas han asumido la defensa como una labor colectiva-. Y es que Caparrós sabe que no se pueden repetir las cifras del pasado torneo liguero: 62 goles encajados en 38 jornadas, es decir, 1,6 por encuentro. «El corazón de un equipo es su sistema defensivo», ha anunciado el técnico sevillano en varias ocasiones.
SAN MAMÉS
'La Catedral' debe volver a ser un feudo inexpugnable para los adversarios del Athletic. En la última temporada, los rivales entonaban aquella máxima de 'Veni, vidi, vici' cuando el calendario les mandaba al norte, a San Mamés, para morder a un conjunto desdibujado, herido, abonado al sufrimiento. Equipos de perfil bajo y en un estado de forma deprimente, caso del Nástic, Celta y Betis, llegaban a Bilbao sin miedo, convencidos de que con el primer gol los rojiblancos se vendrían abajo.
Caparrós sabe que es en casa donde sus hombres tienen que 'picar piedra', es decir, sacar los puntos necesarios para salir fuera con los pulmones llenos de oxígeno y las piernas firmes con el objetivo de cazar algo positivo. Después de la estancia en Covaleda, la aventura holandesa debe aportar un mayor entendimiento entre la plantilla y el cuerpo técnico.
Será una de las últimas piedras de toque de un proyecto que ya ha sido bautizado con el nombre de 'la era Caparrós'. Ayer, antes de despegar hacia Holanda, la plantilla entrenó por la mañana en Lezama. Un mensaje inequívoco del técnico de Utrera de que sólo con el trabajo se juega al fútbol y se gana en tranquilidad. Esta tarde espera el AZVS Aalten.








