Ha pasado con poco eco la filtración de que la Casa Blanca y el Pentágono han definido ya el porvenir en Irak: habrá reducciones significativas de tropas a partir de otoño próximo, pero nutridas fuerzas armadas estarán allí hasta mediados de 2009 y la evolución de la crisis será, en todo caso, compatible con la decisiva afirmación del secretario de Defensa, Robert Gates: «Pase lo que pase a corto y medio plazo en Irak, todos deben saber que nuestro compromiso y nuestra presencia militar en el Golfo y su región serán mantenidos y aumentados».
Para animar a los socios regionales a que se ocupen de vencer en Irak, la Casa Blanca opta por rearmarlos hasta niveles sin precedentes en nombre de una compartida cruzada contra Irán. La elaboración teórica, si hay alguna, sobreentiende que las cosas vuelven al escenario milenario, el de la pugna no sólo ni principalmente entre suníes y chiíes, sino entre árabes y persas. En su guerra contra Irán, Sadam Hussein no dudó en utilizar a fondo esa contradicción de resonancias históricas.
El rearme de Arabia Saudí y Egipto, sobre todo, será completado con el de los países del Consejo de Cooperación del Golfo y compensado -lo que, francamente, le resta emoción- con el de Israel que verá su dotación anual norteamericana (gratuita) pasar por vez primera de los 2.200 millones de euros anuales y el mantenimiento seguro de su célebre superioridad estratégica y cualitativa.
Esta fantasía político-militar ¿es solvente o un esbozo más cercano a la propaganda que a la realidad? Los socios de Washington son los gobiernos locales, y eso con muchos matices, y no la opinión popular, muy anti-americana y abrumadoramente anti-israelí. Agitar el espantajo del pretendido peligro persa puede ser útil entre ciertas elites y pasto para los periódicos, pero la Liga Árabe pidió el lunes de nuevo la salida israelí de los territorios ocupados, la capital en Jerusalén Este y una solución justa para la cuestión de los refugiados; y el Frente Islámico, principal oposición en Jordania, se retiró de las elecciones locales porque las juzga una mascarada.






