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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Cultura

el cine, de luto
Muere Antonioni, el cineasta de la incomunicación
El director italiano, retratista de la angustia del hombre contemporáneo y los tiempos muertos, fallece en su domicilio romano a los 94 años
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Muere Antonioni, el cineasta de la incomunicación
SOLEDAD. El cine de Antonioni explora la alienación y la crisis de la pareja. / EPA
A más de un cronista poco imaginativo se le habrá atragantado su titular en la muerte de Ingmar Bergman, «el último clásico del Séptimo Arte». Justo el mismo día, el pasado lunes, otro cineasta europeo acreedor del mismo título fallecía en su domicilio romano a los 94 años de edad. Como Bergman, Michelangelo Antonioni no estaba de moda; su última realización, el filme colectivo 'Eros' (2002), ni siquiera se estrenó en España. Su nombre siempre ha ido acompañado de una recurrente pero acertada coletilla, «el cineasta de la incomunicación». Como ayer alabó Gilles Jacob, presidente del festival de Cannes, fue «un alquimista de lo íntimo, el más grande acuarelista del corazón que el cine moderno haya conocido».

Quien no haya visto nunca una película suya puede recuperar los últimos minutos de 'El eclipse' (1962) y entender la contribución de un director que desarrolló una mirada única y supo evolucionar desde el documental y el neorrealismo. Suena Prokófiev. No hay diálogos. La cámara recorre las calles de Roma desiertas en lentas panorámicas: los árboles mecidos por el viento, regueros de agua en el asfalto, el rostro fragmentado de personajes a la deriva Antonioni muestra un mundo en suspenso, sus historias están llenas de tiempos muertos. Un crítico escribió: «Todas sus aventuras se disuelven en la nada».

Si Fellini fue el cineasta del bullicio, de la Italia popular y extrovertida, Antonioni optó por retratar la introversión y la angustia de la burguesía. Su hora favorita del día era el crepúsculo, y quizá la culpa de tanta melancolía la tenía la niebla de Ferrara, en las llanuras del Po, donde nació en 1912. Una niebla que difumina los contornos y embalsama el tiempo. Su padre, un rico terrateniente, le proporcionó una educación exquisita. Estudia Económicas y se ilustra en literatura, teatro, música y arte antes de ingresar en el Centro Experimental de Cinematografía, semillero de resistencia contra el fascismo.

Parálisis cerebral

Ayudante de Marcel Carné y colaborador de Roberto Rossellini, Antonioni rueda sus primeros largometrajes en los años 50. 'Diario de un amor robado' (1950), 'El viento' (1952), 'La dama sin camelias' (1953) y 'El grito' (1957) van alejándose progresivamente de los cánones del neorrealismo. La trilogía compuesta por 'La aventura' (1960), 'La noche' (1961) y 'El eclipse' (1962) avanzan por los cauces del hermetismo y la introspección. Ponen a prueba la paciencia del espectador, porque -en apariencia- no sucede nada. Los tres largometrajes están protagonizados por la actriz Monica Vitti, musa y amante durante una década.

'Blow-up. Deseo de una mañana de verano' (1966) entroniza a Antonioni en la cultura pop. Basada en un relato de Julio Cortázar, la cinta captura el 'swinging London' de la época y anticipa las arriesgadas soluciones formales de títulos venideros. El público encontrará irremisiblemente lentas y tediosas sus aventuras en inglés -'Zabriskie Point' (1970), 'El reportero' (1974)- y los largometrajes que rueda en Italia en los 80: 'El misterio de Oberwald' (1980) e 'Identificación de una mujer' (1982).

La parálisis cerebral que sufre en 1985 le confina a una silla de ruedas. Sin hablar ni apenas moverse colabora en dos largometrajes colectivos, 'Más allá de las nubes' (1995) -donde le asiste Wim Wenders- y 'Eros' (2002), junto a Wong Kar-wai y Steven Soderbergh. Los dos salvavidas en su agonía creativa durante estos años han sido la pintura y su segunda mujer, Enrica Fico, que leía al mundo las notas que el director garabateaba.
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