
UNA MIRADA ÚNICA
REACCIONES
Quien no haya visto nunca una película suya puede recuperar los últimos minutos de 'El eclipse' (1962) y entender la contribución de un director que desarrolló una mirada única y supo evolucionar desde el documental y el neorrealismo. Suena Prokófiev. No hay diálogos. La cámara recorre las calles de Roma desiertas en lentas panorámicas: los árboles mecidos por el viento, regueros de agua en el asfalto, el rostro fragmentado de personajes a la deriva Antonioni muestra un mundo en suspenso, sus historias están llenas de tiempos muertos. Un crítico escribió: «Todas sus aventuras se disuelven en la nada».
Si Fellini fue el cineasta del bullicio, de la Italia popular y extrovertida, Antonioni optó por retratar la introversión y la angustia de la burguesía. Su hora favorita del día era el crepúsculo, y quizá la culpa de tanta melancolía la tenía la niebla de Ferrara, en las llanuras del Po, donde nació en 1912. Una niebla que difumina los contornos y embalsama el tiempo. Su padre, un rico terrateniente, le proporcionó una educación exquisita. Estudia Económicas y se ilustra en literatura, teatro, música y arte antes de ingresar en el Centro Experimental de Cinematografía, semillero de resistencia contra el fascismo.
Parálisis cerebral
Ayudante de Marcel Carné y colaborador de Roberto Rossellini, Antonioni rueda sus primeros largometrajes en los años 50. 'Diario de un amor robado' (1950), 'El viento' (1952), 'La dama sin camelias' (1953) y 'El grito' (1957) van alejándose progresivamente de los cánones del neorrealismo. La trilogía compuesta por 'La aventura' (1960), 'La noche' (1961) y 'El eclipse' (1962) avanzan por los cauces del hermetismo y la introspección. Ponen a prueba la paciencia del espectador, porque -en apariencia- no sucede nada. Los tres largometrajes están protagonizados por la actriz Monica Vitti, musa y amante durante una década.
'Blow-up. Deseo de una mañana de verano' (1966) entroniza a Antonioni en la cultura pop. Basada en un relato de Julio Cortázar, la cinta captura el 'swinging London' de la época y anticipa las arriesgadas soluciones formales de títulos venideros. El público encontrará irremisiblemente lentas y tediosas sus aventuras en inglés -'Zabriskie Point' (1970), 'El reportero' (1974)- y los largometrajes que rueda en Italia en los 80: 'El misterio de Oberwald' (1980) e 'Identificación de una mujer' (1982).
La parálisis cerebral que sufre en 1985 le confina a una silla de ruedas. Sin hablar ni apenas moverse colabora en dos largometrajes colectivos, 'Más allá de las nubes' (1995) -donde le asiste Wim Wenders- y 'Eros' (2002), junto a Wong Kar-wai y Steven Soderbergh. Los dos salvavidas en su agonía creativa durante estos años han sido la pintura y su segunda mujer, Enrica Fico, que leía al mundo las notas que el director garabateaba.






