
El líder regionalista aprovechó la rueda de prensa tras la habitual sesión de gobierno semanal para trasladar a la ciudadanía un mensaje de «tranquilidad» -si no se constituye el nuevo Ejecutivo foral antes del 18 de agosto, habría que convocar nuevos comicios- pero, al mismo tiempo, urgió a los socialistas navarros a tomar una decisión porque «ya va siendo hora». «No se puede estar permanentemente mareando la perdiz», subrayó Sanz, que advirtió a los socialistas de que no pueden esperar que los nacionalistas «cambien de objetivos» sólo por tocar poder. «Nunca van a renunciar a su ideología porque tienen una obsesión enfermiza con Navarra», apostilló.
Como alternativa, dijo esperar «con los brazos abiertos» un acuerdo con el PSN, bien de coalición o bien para permitirle gobernar en minoría, si bien este último debe estar basado, dijo, «en un compromiso sobre acuerdos básicos para la estabilidad política, institucional, social y económica» de la comunidad foral. Además de la renuncia a expulsarle del Gobierno, Sanz exige un compromiso con el desarrollo de Navarra como comunidad propia y diferenciada, «integrada en la nación española y solidaria con todos sus pueblos». También pretende que los socialistas se comprometer a rechazar la creación de órganos de cooperación de carácter permanente con Euskadi «o cualquier otro ente de gestión política con carácter ejecutivo», que se opongan a cualquier reforma del Amejoramiento que no cuente con el respaldo de todos los partidos que lo firmaron y que no tomen la iniciativa respecto a la disposición transitoria cuarta de la Constitución, que regula la relación entre Navarra y Euskadi mediante referéndum. Además, Sanz plantea mantener el Convenio Económico como instrumento de relación financiera con el Estado y renunciar a impulsar o modificar sin acuerdo leyes que exijan mayoría absoluta. También defiende el diálogo social con UGT, CC OO y la patronal y reclama el impulso de infraestructuras como el tren de alta velocidad.
«Blindaje personal»
La respuesta de los socialistas no pudo ser más tajante. En un comunicado, el secretario general del PSN, Carlos Chivite, acusó a Sanz de poner sobre la mesa «un 'trágala' inaceptable» para su partido, con el único objetivo de forzar la repetición de las elecciones «en perjuicio de Navarra». Para los socialistas navarros, el presidente en funciones hace una propuesta de «blindaje político y personal» que busca «un pacto de legislatura encubierto» y «limita hasta anular» el papel opositor del PSN.
Y, a modo de réplica, Chivite planteó también sus propias condiciones -siete- para poder «colaborar» con UPN. Entre otras cosas, le reclamó que pida «disculpas» a los navarros por su «agresiva precampaña» y que renuncie al «discurso del miedo» que pretende hacer creer que Navarra está «a la venta». Además, le instó a cooperar «con lealtad» con la política antiterrorista del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, a «romper» el vínculo que desde 1991 mantiene con el PP y a abandonar el grupo parlamentario popular en Congreso y Senado.






