
Así el nuevo espacio LABoral Centro de Arte, que se abrió sus puertas la pasada primavera en Gijón, ha planteado el debate sobre qué es hoy bello y si es posible que ésta ayude al espectador a sentirse mejor en el mundo. La respuesta ha sido la exposición 'It's Simply Beautiful'('Sencillamente bello'), comisariada por Peter Doroshenko y Jérôme Sans, con la visión muy personal de cinco creadores de varios países. A Sans le preocupa el temor que existe ante la palabra 'hermoso'. «Es cierto que se ha destruido mucha belleza en los últimos años -señaló en la presentación de la muestra-, pero todavía se puede hablar de ella y los artistas tienen mucho que decir».
Sin embargo, el título de la exposición, que puede contemplarse hasta el próximo 15 de octubre, puede resultar engañoso. La belleza puede ser sencilla pero nunca simple, como queda más que demostrado en los espacios creados específicamente para LABoral. La propuesta de cada artista es diferente a la hora de buscar esa belleza, pero todos comparten una unidad de visión como creadores. Carlos Coronas, único español de la muestra, ha diseñado una gran instalación con neones, donde las luces forman un profundo espacio que recuerda a los dibujos primitivos y éstos son una manera de representar la utopía. Para el artista asturiano la belleza en el arte es intentar llegar a nuevos territorios, «lo que es prácticamente una utopía».
El norteamericano Dzine (Carlos Rolón) acude a la calle para enganchar objetos y sonidos, ya que es en las aceras de las ciudades donde se encuentra la voz de toda una generación. Sus triciclos tuneados con una estética latina, con vídeos de grupos conocidos, constituyen su principal aportación al debate. La crítica sobre la influencia que ejerce Occidente sobre la cultura oriental domina el trabajo del tailandés Surasi Kusolwong. «La belleza no tiene por qué ser limpia, puede ser contradictoria en sí misma». Una performance con mujeres bailando en un cuadrilátero de barro nos recuerda al cliché sobre la mujer oriental. Y una instalación con actores portando cabezas de burro, con obsesiva música de un estribillo de Nirvana se mezclan con el público ironiza sobre la sociedad de consumo.
Mark Titchner, finalista este año en el Premio Turner británico, presenta un gran mural y un vídeo en constante movimiento que hace referencia ala circulación de ideas. Finalmente el artista francés Fabien Verschaere trasforma la galería en un espacio fantástico, en donde aparecen hadas, demonios, monstruos diversos, todo ello entendido como un gran combate. Para LABoral, Verschaere ha creado una habitación, cuadrilátero dentro de otro cuadrilátero, en donde unos murales rodean a un ring. La belleza aparece, según sus propias palabras, del enfrentamiento de sentimientos que le produce la idea «yo contra yo».
n.fontova@diario-elcorreo.com






