Cuando Dios creó Francia y la cubrió de dulzuras, se olvidó de quitar la porquería que había debajo, y ahí estaba, entre otras cosas, ese desmesurado ombliguismo que con frecuencia lleva al francés a pensar que sus males son culpa ajena, y especialmente del vecino del sur, o sea, de usted. De manera que la victoria de Contador puede describirse como una suerte de compensación general para el humillado ciclismo español y, además -justicia cósmica-, un cabal castigo para el petulante lobby de 'L'equipe', que es donde se cocinan los higadillos del Tour. Para esta etapa final, con fiesta serena y afirmativa, TVE preparó un programa especial donde estuvieron Federico Martín Bahamontes y Miguel Induráin. Con Pedro Delgado, que estaba en el micrófono de la pública, teníamos ahí a todos los supervivientes de nuestros laureles. Al programa le faltó dinamismo, pero el despliegue era exactamente el que convenía. Lo que sí se puede reprochar (un poco) a los comentaristas de TVE es que trataran de quitar hierro al asunto de los dopajes.
Según la tesis de Perico Delgado, los franceses hablan mucho de eso porque sus corredores van bastante flojillos (el mejor hace el número veinticuatro de la clasificación) y no tienen otra cosa de qué hablar. Hombre, pues no, ¿verdad? Lo de la farmacopea ciclista es un escandalazo se mire como se mire y está quitando brillo no sólo a la victoria de Contador, sino a ese deporte en general. Al margen de lo mucho que nos alegra a todos ver a un quinto español en lo más alto del podio, alguien en el mundo del ciclismo tendría que decidirse a meter el bisturí bien a fondo. No es tolerable que el mundo del pedal tenga más que ver con la crónica de sucesos o con la divulgación farmacológica que con la información deportiva.







