
EL PERFIL
-¿Cuándo le picó el 'bichito' de la creación?
-Desde muy pequeño el mundo de la moda me atraía. Me gustaba hacerme pantalones con tejidos de cortinas, vestir a mis amigas y amigos para ir a los autos de choque a bailar.
-De no haberlo conseguido, ¿a qué se habría dedicado?
-No lo sé realmente, pero seguro que a la pintura, los grabados, la decoración y el escaparatismo.
-Al margen del diseño, ¿en qué otra cosa es realmente bueno?
-En la cocina.
-¿De veras?
-Sí. Tampoco se me da mal criticar por criticar y me dicen que soy bueno en otras cosas, pero son más íntimas (risas).
-¿Para qué tipo de mujer diseña?
-Para la que tiene personalidad serena y buen gusto pero no es aburrida.
-¿Y en el caso de los hombres?
-Para los que saben lo que llevan y no les gustan las estridencias. Los que no son consumidores compulsivos de productos con marcas externas y aprecian un buen corte y un buen tejido por encima de todo.
En el mercadillo
-¿Ha ido recientemente a algún mercadillo de ropa?
-(Risas) Siempre lo pienso, pero no lo hago desde hace siete años, en uno de mis viajes a Berlín.
-¿Y cómo le fue?
-¿Precioso! Me vine cargado.
-¿Qué ropa elige para usted?
-Por lo general, de colores oscuros, trajes y jeans. Es fundamental estar cómodo y acorde con la necesidad del momento. No me gusta sentirme fuera de contexto, pero no siempre acierto.
-Como en los ochenta, cuando revolucionó los esquemas...
-No soy consciente de que revolucionara la moda de ninguna época, simplemente veníamos de un momento de tedio y aburrimiento y yo fui un descarado con muchas ganas de sacar la moda de sus casillas, lo mismo que las pasarelas tan convencionales que se mostraban en España.
-¿Ya lo hemos visto todo?
-Las necesidades de cambio son otras y para otro público, pero todavía espero sorprender, aunque no se cuándo ni con qué.
-¿Añora algo de aquella época?
-La espontaneidad y el hacer las cosas por hacerlas; es algo que nunca más se volverá a repetir. Ahora el mercantilismo y la promoción superan cualquier producto, tenga o no tenga contenido. Sin embargo, creo que disfruté lo suficiente y sobradamente como para no tener mono de nada.
-¿Sigue vistiendo a Pedro Almodóvar?
-Cerré mi taller de costura en el año 97 y, desde ese momento, vivo mucho más tranquilo. Yo he cambiado en mi forma de trabajar y él en su forma de vestir, a pesar de mantener nuestra mistad. Ahora sólo admito encargos con mucho tiempo de antelación.
-¿De cuánto estamos hablando?
-Un mínimo de tres meses. Y el precio dependerá del tejido.
-¿Qué opina sobre el control de tallas en Cibeles?
-Nunca he tenido problemas con las tallas de las modelos, ni antes ni ahora. Siempre he realizado el muestrario en una 38 y no falla.
-¿Una 38? ¿Por qué las prefiere delgadas?
-Cada cual tiene sus manías. A mí me gusta que no tengan mucho pecho ni caderas anchas, y que midan 1,80, con lo cual siempre se verán delgadas.
-¿Existe alguna textura que realmente aborrezca?
-El lino y cualquier prenda mal cortada.
-¿Qué tiene de malo el lino?
-Nada. Como materia, me gusta únicamente para ropa de casa, como sábanas y batines.
-¿Ha hecho ropa para su familia?
-Sólo un vestido y un abrigo para mi madre, y me negué hacerle el traje de novia a mi prima.
-¿Qué crueldad! ¿Por qué se negó?
-Mis diseños son más urbanos que ceremoniosos y sólo he realizado tres vestidos de novia en mi vida.








